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Mi familia y la Bella Durmiente cien años después El cuento favorito de María es La Bella Durmiente, y el tío |
| Padilla A., Adriana: Carta a Silvia Molina |
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Padilla A., Adriana “Carta a Silvia Molina” Excélsior, 9 de agosto de 1992.
Cuando Víctor Navarro se comunicó conmigo para invitarme a presentar tus libros La familia vino del norte, La mañana debe seguir gris, Imagen de Héctor y Dicen que me case yo, no dudé ni un instante en decir que sí. No sólo por el hecho de considerarte mi amiga sino porque creo que dentro de la literatura mexicana contemporánea tu obra ocupa un lugar importante dentro de las letras del país. A través de tu narrativa he encontrado una escritura sencilla, sin metáforas complicadas o imágenes rebuscadas que marcan tu personalidad. Te conocí en 1985, cuando trabajábamos en editorial Promexa. Eras editora y yo te ayudaba en algunas ocasiones. Platicábamos y me comentaste que estabas haciendo la investigación para escribir tu novela Imagen de Héctor pues como toda persona que no conoce a su padre, siempre está buscando sus raíces y su identidad. Tú misma expresaste que de alguna manera esa falta de imagen del padre para bien o para mal afecta, más cuando se trata de un hombre que fue famoso y a quien todo mundo mitificaba. Lo descubriste a través de la visión de los demás y llegaste a hacerla a un lado y cerrar una etapa de tu vida y de tu escritura. Silvia, no es que me haga a un lado para decirte qué pienso de tu libro Dicen que me case yo, en el cual mujeres y más mujeres muestran su pasado o su presente con el anhelo de lucha que toda mujer tiene por vivir en un mundo machista —no quiero que creas que soy feminista—, pero la visión que la mujer escritora tiene por su sexo es muy particular y tú lo representas en ellos. Esa sensibilidad de tus personajes me conmueve porque el hilo conductor siempre nos lleva a un fin, que es, encontrar con la mayor sencillez, ya sea el dolor o la felicidad por medio de la literatura. Y de esta manera abrirte y reafirmar el prestigio que tu obra ha alcanzado en tus caminos narrativos. No son elogios por decirlo a la ligera, sino lo que estoy escribiendo se puede leer en tus libros. No dejo de manifestarte que mi primer acercamiento a tu literatura lo tuve en 1979 con La mañana debe seguir gris. Si recuerdas Lucinda, la esposa de Hugo Gutiérrez Vega esa navidad nos regaló a unos cuantos que trabajábamos en Radio Educación tu libro, y me encontré con una obra llena de paisajes que dan la frescura de narrar lo ocurrido en esos años en Londres, el encuentro con José Carlos Becerra y después con su desaparición. En una entrevista que me concediste comentaste que para realizar tus novelas siempre llevabas a cabo una investigación antes de escribir, mientras en tus cuentos era más la imaginación la que afloraba. Yo, había leído tus novelas antes que los cuentos, y ahora con Dicen que me case yo me percaté que como escritora soltaste la imaginación y nos convocaste a ser testigos de un relato como el de “Recomenzar” donde la búsqueda de la identidad de la mujer es constante, a mí en particular me llamó la atención este cuento, porque una amiga muy querida hace ocho años terminó su existencia igual que el personaje de tu narrativa. Desde entonces comenzó a interesarme lo que narras y he de confesarte que para leer Imagen de Héctor tuve que robarme el libro porque mis posibilidades no me permitían adquirirlo. Me acordé de lo que en una ocasión me dijo un amigo; Salvador Corro: imagínate si te llevan a la cárcel por culpa de la cultura y dije: es cierto, pero por una obra de este tipo, vale la pena y me arriesgo. Tus personajes mujeres son libres, como te pregunté en alguna ocasión por Dorotea Leyva de La familia vino del norte y lo volví a comprobar ahora que releí tu narrativa en Dicen que me case yo desde la voz de la niña, su libertad es real, con la frescura de su edad se palpa ese querer llegar a encontrar los contextos de la vida diaria decisivos para el desarrollo del ser humano, desde dentro examinas a tus personajes para que con el silencio que te ha caracterizado muestren la realidad de la mujer.
Texto leído en la presentación de los libros La familia vino del norte, La mañana debe seguir gris, Imagen de Héctor y Dicen qué me case yo. En la Galería Libertad en el Centro Histórico de Querétaro, el 30 de julio de 1992. |


