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Mi familia y la Bella Durmiente cien años después El cuento favorito de María es La Bella Durmiente, y el tío |
| Carta a Silvia Molina |
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Autor: Castañón, Adolfo
En Revista de la UNAM, nueva época, núm 94, diciembre 2011 Columna A veces Prosa
Querida Silvia:
Cuando me invitaste a participar en el acto organizado con motivo de tus 65 años, parpadeé dudando un momento. En apariencia documental, nunca había leído en voz alta nada sobre tus obras, ni había escrito sobre tus ya numerosas obras: La mañana debe seguir gris (1988, 1991), La familia vino del Norte (1987), Ascensión Tun (1993), El amor que me juraste (1998), En silencio la lluvia (2008), o Imagen de Héctor (1990), por citar algunas de las más conocidas. Me preguntaste con generosidad y cortesía si no quería yo que me hicieras llegar algunas; te dije que no, pues sabía que las tenía casi todas.
Pocos días antes, me encontré de casualidad en el Callejón Condesa, contiguo al Banco de México, un libro de entrevistas del alemán Reinhard Teichmann, De la onda en adelante (1987). Conversaciones con 21 novelistas mexicanos, editado por Posada, donde la ya destacada novelista de 41 años, Silvia Molina, hablaba de su prehistoria literaria, de su padre ausente y de sus años de formación, de sus estudios interrumpidos de antropología y de su relación leída y en cierto modo discipular con José Agustín, Elena Poniatowska, Hugo Hiriart; también se hablaba ahí de su relación profunda, vivida y leída, con Elena Garro, a la que conoció en París cuando tenía 14 años.
Al leer la entrevista del profesor alemán Teichamnn, el sí que tenía en la punta de los labios desde hacía días, se hizo voz en la llamada telefónica de aceptación, y me puse a pensar en Silvia Molina y en sus letras, y a tratar de leerla y releerla en su caldo y paisaje. No sólo repasé La mañana debe seguir gris (1991, 1998) (ignoro por qué en mi mente la titulo: debe de ser gris), sino, además, el hermoso texto en prosa de José Carlos Becerra, “Fotografía junto a un tulipán”, donde el poeta tabasqueño, que fue amigo y enamorado de Silvia Molina, reconstruye algunos tramos de la vida de su pariente tabasqueño, el poeta Andrés Calcaneo Díaz. El texto está firmado en Londres, en noviembre de 1969, precisamente en los días en que conoció a la hermosa y joven Silvia. Al leer esa evocación de la vida en Tabasco a principios del siglo XX, no pude menos que volver a leer la novela que más me gusta entre las que ha escrito, y que, a mis ojos, se encuentra como en el centro de su sistema solar creativo: Imagen de Héctor (1990).
Y aquí debo hacer un paréntesis.
¿Qué es la evocación literaria? ¿Cuál es su origen? ¿De dónde viene la necesidad de escribir? ¿Qué es lo que se escribe? ¿Qué mueve al que escribe, a la que escribe?, ¿qué se escribe cuando se escribe? ¿Qué mueve al que cuenta a crear y a entregar su cuento? ¿Nace o se hace la vocación literaria?, ¿se puede reconocer?, ¿cómo? ¿Qué es un escritor? La lección o invitación délfica: “Conócete a ti mismo” no es, no le puede ser ajena al escritor, sea cual sea el género de la escritura y del amanuense. Conocerse a sí mismo es conocer también, y acaso en primer lugar, nuestro pasado inmediato. Para llegar o para iniciar ese conocimiento, se precisa una buena dosis de limpieza y honestidad, probidad, honradez. Esas son, a mi parecer, las primeras cualidades que me atraen en la escritura de Silvia Molina (que juega a ser “natural”, espontánea, y a hacer como si no tuviese estilo) y que afloran en particular en ese libro a la par emotivo y bien armado que es Imagen de Héctor, obra publicada en 1990, cuando la autora estaba en su acmé o plenitudy ya era dueña de todos sus recursos. Este libro se encuentra también como en el centro de la vida hecha obra y don de Silvia Molina. Ahí el lector se entera de que Silvia fue durante muchos años de su infancia y parte de su adolescencia una suerte de huérfana a medias, pues si, de un lado, se le decía que su padre “estaba de viaje”, y luego que había fallecido, del otro, todo lo que rodeaba su vida en casa estaba impregnado de su memoria, de los recuerdos de ese noble escritor que fue su malogrado padre, muerto a los 42 años de edad y que transitó de la medicina y la odontología al periodismo y las letras, de ésta a la historia y a la política. Su nombre: Héctor Pérez Martínez, quien, además de ser biógrafo de Benito Juárez y de Cuauhtémoc, fue el hábil polemista que provocó con un artículo suyo esa recapitulación y lección mexicanista que fue la carta A vuelta de correo (1932). A partir de ella, Reyes sería consciente de que su lección literaria sobre México y sobre las letras universales comportaba una enorme responsabilidad. Gracias a los señalamientos del joven y hábil provocador y polemista que fue Héctor Pérez Martínez, del cual Alfonso Reyes se haría, a partir de entonces, amigo fiel e inseparable. Casi cabría decir: amor al primer rasguño.
Imagen de Héctor (1990) es sin duda una novela, pero representa también un testimonio delicado y penetrante —tacto y agudeza son otros de los rasgos de la buena psicóloga, del buen ojo clínico de Silvia Molina. La forma en que Silvia Molina va llevando la investigación privada y personal sobre ese misterioso padre carismático hasta transformarla en un animado paisaje y en un fresco de la historia de México y de la revolución mexicana en su etapa constructiva —para utilizar la fórmula de James W. Wilkie— dan al lector la certeza de encontrarse ante una inteligencia que sabe experimentar con los vasos comunicantes que regulan la historia privada y la historia pública, la geografía sentimental y la geografía histórica y política. Una observación estilística: la autora sólo da nombre propio a Héctor, el padre de la narradora, mientras a los otros personajes los llama “hermana mayor”, “hermana menor”, etc. Logra así desdibujar al resto de la familia, que queda como diluido en la gaseosa condición de un coro tribal.
En un país ensimismado en el rencor y la mutilación, la piedad activa en Silvia Molina es más que digna de aplauso. Celebro que en este acto celebrado en los 65 años de una mujer que si no sabe mucho latín, sí conoce, y muy bien, otros idiomas y no se quita la edad, coincida con el 105 aniversario del natalicio de Don Héctor Pérez Martínez, cuya sangre literaria e histórica corre por las arterias de su hija escritora, novelista, historiadora y editora, pulcra organizadora de las obras de su padre. Esas mismas obras que, por cierto, una mañana que no debía ser gris, me fue a llevar personalmente a la Casa de Liverpool 76, donde tiene su sede la Academia Mexicana de la Lengua, y alguna vez vivieran María Conesa y Francisco Villa.
Al leer o releer Imagen de Héctor (1990) se me impuso otra verdad afectiva: como que pertenecemos a la misma familia, tratamos de purificar casi las mismas palabras de la misma tribu, la misma unánime familia contemplativa que se cifra y hace abstracción en las letras de México, familia en que descansan los árboles llamados Alfonso Reyes, Octavio Paz, Elena Garro, Andrés Henestrosa, Miguel N. Lira, Héctor Pérez Martínez, Fernando Benítez, León Felipe, por citar sólo algunas intersecciones de nuestro soñado vivero.
Otra novela en que se da venturosamente el contrapunto entre lo público y lo privado es la titulada La familia vino del Norte (1987), que cuenta, de un lado la biografía del revolucionario Teófilo Leyva, sonorense amigo de Obregón y de Calles, y testigo indirecto de la muerte del general Serrano en Huitzilac y, del otro, la historia de Dorotea, la periodista e investigadora enamorada del periodista llamado Manuel. La novela se sostiene como un thriller a la mexicana y hace pensar al lector que Silvia Molina sería por esta novela y por Imagen de Héctor (1990), una nítida exponente de lo que algún crítico ha llamdo “neo-costumbrismo mexicano”, como ese que practica la narradora —más ligera y dizque light— Ángeles Mastreta, con cuya obra la de Molina tiene no pocos puntos en común.
Tiene Silvia Molina otras vertientes que la llevan hacia la novela histórica, como es el caso de Ascensión Tun (1993) —donde vuelve a abrirse paso la fascinación que tiene por las leyendas de aquellas tierras sureñas, de aquellas leyendas anidadas en el solar nativo de su padre, Campeche, y que se abre como un terreno auspicioso para el oficio de lo que se ha convenido en llamar “realismo mágico”, con sus personajes como salidos de los antiguos exvotos religiosos. Ascensión Tun (1993) novela el conflicto central de las castas, y se resuelve a la postre en la n historia de su guerra. No se da aquí la relación entre fabulosa e histórica de una fría historiadora. Se brinda más bien una fábula vivaz y vívida sobre uno de los episodios más oscuros e irreductibles de la historia de México. Novela que trasiega entre las historias vividas e imaginarias, Ascensión Tun es una obra donde aparece otra figura de la fabuladora que veremos insinuarse en algunos otros textos suyos: la de sanadora chamánica, la de la taumaturga y casi diría exorcista del alma colectiva, cuyos sufrimientos, aflicciones y pasiones esta Silvia-Sibila conoce y sabe aliviar tanto y tan bien, a través de sus morosas y amorosas palabras y descripciones. Amor y búsqueda de la armonía perdida y primitiva son los motores no tan secretos de esa poderosa curandera del alma nacional que lleva el nombre de Silvia Molina y que, para invocar a José Carlos Becerra, crece como un tulipán bajo la mirada impasible de la cámara fotográfica que lleva escondida en el ojo de la mente el escritor de verdad.
Una de las obras más recientes de esta educada autora es la titulada En silencio, la lluvia. Ambientada en Bélgica y que gravita, además alrededor de la historia de una belga beguina del siglo XVI Catharina de Lovaina. Más allá del hábil espejeo y contrapunto que se trenza entre las historias cruzadas de los personajes del hoy y del ayer, más allá de la cartografía artística y sentimental que la novelista brinda en su puente de palabras, se dibuja un tema culturalmente inquietante: el de la infección —que otros dirían influencia entre la historia y la cultura flamenca del siglo XVI en que prosperaron Carlos V, fray Pedro de Gante y los pintores flamencos de la época, como el estudiado por el personaje de Silvia Molina, como la misma Catharina de Lovaina, se entrevé gracias a la novela de Silvia Molina una suerte de Atlántida literaria artística y cultural que es la de la influencia de aquella honda y refinada cultura europea que influyó en la española y en la novohispana y cuyo ascendiente llega incluso a tocar, a través de las vanguardias ulteriores al mismísimo David Alfaro Siqueiros. La capacidad para tender puentes reales, irreales, fabulosos, probables, plausibles, verosímiles de Silvia Molina en su arcoiris narrativo queda limpiamente expresada en esta obra. Silvia Molina no sólo escribe historias; al parecer tiene esa dejada disposición, común entre los místicos, de dejar hablar a través de su palabra la otra historia, la historia acallada por la costumbre, la fuerza, el silencio, la lluvia. Esa facultad milagrosa la hace una de las narradoras mexicanas más inquietantes en la medida en que aparece como un ser en apariencia costumbrista, inofensivo y ajeno a las grandes y pequeñas pasiones que conmueven en el subsuelo la historia.
BIBLIOGRAFÍA Silvia Molina, La familia vino del Norte. México, Ediciones Océano, S. A., 1ª ed., 1987, 159 pp. Silvia Molina, Imagen de Héctor. México, Cal y Arena, 1ª ed., 1990, 150 pp. Silvia Molina, La mañana debe seguir gris. México, Ediciones Océano, S.A. de C.V., 1ª ed., 1988; Cal y Arena, 1ª ed., 1991, 103 pp. Silvia Molina, Un hombre cerca. México, Cal y Arena, 1ª ed., 1992, 112 pp. Silvia Molina, Ascensión Tun. México, Ediciones Corunda, S.A. de C.V., 1993, 134 pp. Silvia Molina, El amor que me juraste. México, Editorial Joaquín Mortiz, S.A. de C.V., 1ª ed., 1998, 173 pp. Silvia Molina, Muchacha en azul. México, Editorial Joaquín Mortiz, S.A. de C.V., 1ª ed., 2001, 196 pp. Silvia Molina, Diario de Sofía. México, Editorial Planeta Mexicana, S.A. de C.V., Colección: Diarios Mexicanos, 1ª ed., 2003, 119 pp. Silvia Molina, En silencio, la lluvia. México, Alfaguara, 1ª ed., 2008, 194 pp. Héctor Pérez Martínez, Obras completas. Ensayo. Investigación y coordinación editorial: Silvia Molina. Diseño de la portada: Felipe Alcántar. México, Gobierno del Estado de Campeche, Ediciones Corunda, S.A. de C.V., 1994, 324 pp. Héctor Pérez Martínez, Obras completas. Periodismo. Investigación y coordinación editorial: Silvia Molina. Diseño de portada: Felipe Alcántar. México, Gobierno del Estado de Campeche, Ediciones Corunda, S.A. de C.V., 1994, 312 pp. José Carlos Becerra, El otoño recorre las islas (Obra poética 1961/1970). “Fotografía de un tulipán” (pp. 247-269). Prólogo de Octavio Paz. Edición preparada por José Emilio Pacheco y Gabriel Zaid. México, Ediciones Era, 1ª ed., 1973, 6ª reimp., 2002, 311 pp. Reinhard Teichmann, De la onda en adelante. Conversaciones con 21 novelistas mexicanos. México, Editorial Posada, S.A., 1987, 551 pp. A vuelta de correo. Correspondencia Héctor Pérez Martínez & Alfonso Reyes][1932-1947]. Compilación, prólogo y notas de Alberto Enríquez Perea. Cuidaron la edición Silvia Molina y José Vicente Anaya. México, Gobierno Constitucional del Estado de Campeche, El Colegio de México, 1ª ed., 2006, 182 pp. Héctor Pérez Martínez, En los caminos de Campeche. Portada y fotografías interiores Archivo Héctor Pérez Martínez. Cuidaron la edición Silvia Molina y José Vicente Anaya. México, Gobierno Constitucional del Estado de Campeche, Instituto de Cultura de Campeche, 1ª ed., 2006, 111 pp. Crónica de una plaga. Correspondencia Héctor Pérez Martínez & María Celis Campos [septiembre-diciembre de 1941]. Compilación, prólogo y notas de Silvia Molina. Cuidaron la edición Silvia Molina y José Vicente Anaya. México, Gobierno Constitucional del Estado de Campeche, Instituto de Cultura de Campeche, 1ª ed., 2006, 141 pp. Héctor Pérez Martínez & José Elguero (1938), Una polémica en torno de frailes y encomenderos. Cuidaron la edición Silvia Molina y José Vicente Anaya. México, Gobierno Constitucional del Estado de Campeche, Instituto de Cultura de Campeche, 1ª ed., 2006, 85 pp. Héctor Pérez Martínez, Se dice de Amor en cinco sonetos. Cuidaron la edición Silvia Molina y José Vicente Anaya. México, Gobierno Constitucional del Estado de Campeche, Instituto de Cultura de Campeche, 1ª ed., 2006, 31 pp.
[Ruta: Documentos/Adolfo Castañón/México/Silvia Molina (Querida Silvia)/2ª versión: 12/10/2011.-gla.3ª versión 11-10-2011/Vero] |


