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Mi familia y la Bella Durmiente cien años después El cuento favorito de María es La Bella Durmiente, y el tío |
| Rivera Zanabria, Mónica: La literatura me ha servido para descubrirme y descubrir a los demás: Silvia Molina |
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Rivera Zanabria, Mónica 7 Cambio, sec. Mujeres, año II, núm. 95, junio de 1991 La literatura me ha servido para descubrirme y descubrir a los demás: Silvia Molina
Lo que mejor hace Silvia Molina es escribir. Es el oficio que la mantiene viva y por el cual ha llegado al entendimiento de sí misma. Su literatura es un recuento de los hechos que ha vivido, de los cuales modifica los que no le gustan y conserva los que le son gratos. Para ella, escribir no es fácil: “Me cuesta mucho trabajo. Mi primer libro no se publicó porque lo rompí. Cuando escribí el segundo, lo publiqué porque me dijeron que lo hiciera, pero pasó mucho tiempo antes de que me sintiera escritora. Es más, no tenía nada que escribir. Y después, un día ya tenía un libro. La narrativa es muy curiosa: tú concibes una historia con mucho desorden. El verdadero oficio es ordenarla y plantear qué le corresponde a quién. A los 31 años, Silvia Molina estudió Lengua y Literatura Hispánica en la Facultad de Filosofía y Letras de la unam. Es una “escritora muy lenta”, como ella misma se considera; sin embargo, en 1977, año de su ingreso en la facultad, publicó su primer libro: La mañana debe seguir gris, con el cual obtuvo el premio Xavier Villaurrutia. A partir de entonces, ha publicado media docena más de libros que ve “con cierta distancia”, porque piensa, como José Emilio Pacheco, que “la literatura se puede reescribir infinitamente”. –Nunca me releo. Mi preocupación nunca es lo que ya está escrito. Mis libros se gestan muy despacito y creo que el mejor momento del escritor es cuando está escribiendo– afirmó al iniciar la plática.
Los libros tienen la palabra Desde niña, Silvia Molina oyó hablar de ideas revolucionarias. Su padre, campechano y su madre, sonorense, fueron gente que se formó en los años de la Revolución de 1910. Su padre fue una figura pública, un escritor e intelectual de izquierda, personaje principal de su última novela, publicada en 1990: Imagen de Héctor. –Este libro lo estuve escribiendo toda la vida. Es un libro que representa una búsqueda infantil. Cuando era muy niña me dijeron que mi padre se había ido de viaje y la verdad es que se había muerto. Durante mucho tiempo esperé su regreso. Recuerdo estar observando la puerta de entrada de mi casa de la colonia Anzures. Pensaba que por ahí iba a llegar mi padre y mi preocupación era no poder reconocerlo. Imagen de Héctor es el resultado de una labor ardua de investigación: “Me quedé con todos sus documentos y archivos, recopilé durante varios años sus artículos periodísticos y leí todos sus libros." –La idea era saber quién fue mí padre. Pero es imposible recuperar a un ser que no conociste. Los padres nos pesan toda la vida o llega un momento en que nos empiezan a pesar y uno necesita sacudirse ese peso de encima. La novela cumplió su cometido: me liberó en la vida real de un personaje que andaba yo cargando como un muerto. Con la beca otorgada por el Centro Mexicano de Escritores en 1979, Silvia Molina escribió y publicó Ascensión Tun. El tema de la novela es el de la orfandad de la autora y la orfandad alegórica de la Península de Yucatán y Campeche. –Manejo la metáfora de la orfandad de la península con respecto al centro y la metáfora de mi orfandad. El personaje de la novela se queda huérfano y lo meten en una casa de beneficencia en donde escucha dos versiones: la versión de los blancos y la de los indígenas acerca de las guerras de castas. Era como buscar mis raíces. En 1987 se publica La familia vino del norte. La autora parte de una anécdota real para narrarnos la historia de una familia que sale de Sonora –su familia materna– y se instala en la Ciudad de México, después de haber pasado por las tropas de Madero, el general Álvaro Obregón y la Revolución. –Uno de los hermanos de mi mamá había estado encerrado en un sótano porque apoyaba a Serrano cuando quería lanzarse como candidato a la presidencia en el momento en que Obregón deseaba reelegirse. Desde niña, oía mucho esta anécdota y me llenaba de curiosidad saber la causa de ese encierro. Fue una novela que me llevó mucho tiempo escribir. Primero, porque fueron muchos años de investigación y segundo, porque no encontraba el tono para narrarla quería contar un episodio histórico, mas no dar una clase de Historia. Novela histórica contemporánea o Nuevo verismo de la literatura mexicana –como le llaman en Estados Unidos– es el terreno en el que se circunscriben las novelas de Silvia Molina. Al principio, se sintió apenada por estar escribiendo un tipo de literatura que correspondía al siglo pasado. Después, se dio cuenta de que “somos un grupo muy grande de escritores que hemos vuelto a la Historia para tratar de revalorarla. Los escritores de mi generación somos hijos de la historia oficial. Con una forma de expresión más moderna, revisamos la Historia para ver qué fue lo que no se contó y que es igualmente importante. Buscamos la verdad”.
Siempre anduvo buscando librarse de ataduras Su voz es cálida, delgada. Habla sin afectación, directamente. Su carácter es accesible y sus palabras reflejan una forma llana de vivir. Es una mujer libre, “porque desde niña siempre anduve buscando librarme de ataduras. Soy una mujer que siempre ha hecho lo que ha querido y eso me ha permitido escribir sin problemas”. Casada desde hace 20 años, Silvia Molina tiene dos hijas: Silvia Verónica, de 19 y Claudia, de 16. –Cuando mis hijas eran pequeñas, nunca las sacrifiqué en favor de la literatura. Siempre pensé que mis hijas iban a estar conmigo poco tiempo y que la escritura era una cosa que yo iba a hacer toda la vida. Una es escritora lo mismo haciendo la cola para las tortillas que preparando el desayuno. No hay conflicto en mi personalidad por el hecho de ser mamá, esposa y escritora. Creo que lo que me ha permitido no dividirme en zonas es que he asumido mi escritura como algo normal. Se levanta temprano y dedica la mañana y parte de la tarde a su actividad como editora, la cual ejerce desde hace 11 años. En 1988 crea su propia editorial. Maneja dos colecciones: una de literatura para niños, y otra de “tono autobiográfico de escritores mexicanos contemporáneos”, denominada De cuerpo entero. Es una coedición con la unam. Realizó su maestría en Literatura Prehispánica y aunque no se considera una buena escritora para niños, adaptó algunas leyendas prehispánicas en un afán por simplificarlas para sus hijas cuando eran niñas. Con el tiempo, se publicaron y “se han vendido bastante”. Su actividad literaria la efectúa por la noche, “porque soy más bien nocturna”, nunca le falta qué escribir: la presentación de un libro, el texto de una conferencia o la obra de teatro que acaba de terminar. Sin embargo, hay ocasiones en que transcurren semanas en las que la computadora se queda intacta. La escritora no se angustia: “Los textos no pueden pescarse como en un lago. He aprendido que vale más vivir intensamente lo que estás haciendo porque eso te va a dar con el tiempo más frutos”.
La familia: su obsesión El Pedregal de San Ángel sugiere, a veces, ostentación. La escritora vive en una casa amplia, pero sencilla. Libros, cuadros y muebles nos remiten a lo rústico. La conversación está acompañada por el cantar suave de algunos canarios. Silvia Molina es menuda y de cara afable. Reflexiona y dice no saber cómo o cuál será su próximo libro. –Dar el paso para tomar la responsabilidad de escribir una novela me cuesta trabajo –dice, mientras se acomoda los anteojos y alisa su blusa blanca con bordados de flores rosas en las mangas–. Tal vez sea otra familia. La idea de la familia me obsesiona. Sería una novela en la que manejaría un poco más el juego de la pareja. Necesito madurar la idea. Soy narradora y mientras no tenga la Historia muy clara dentro de mí, no podré sacarla. Sin susto, sin miedo, sin horror. Así ve la autora sus obras publicadas. Se sienta y ensaya “para que algún día salga algo bueno”. Escribir es lo que ella ha aprendido a hacer mejor. |


