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Mi familia y la Bella Durmiente cien años después El cuento favorito de María es La Bella Durmiente, y el tío |
| Jorajuria, David: La familia vino del norte, entrevista con SM |
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Jorajuria, David El Sol de México, 25 de marzo de 1987, sección D, p. 2. “La familia vino del Norte. Entrevista con Silvia Molina”
Silvia Molina nació en la ciudad de México. Estudió Antropología en el inah y Letras Hispánicas en la unam. En 1977 ganó el premio Villaurrutia con su primer novela “La mañana debe seguir gris”. En 1979 obtuvo la beca del Centro Mexicano de Escritores, durante la cual realizó su segunda novela “Ascensión Tun”. Luego de un silencio de cinco años vuelve a la carga con “La familia vino del norte”, editada por Océano y de próxima aparición en abril. —¿Podrías adelantarnos algo acerca de tu nueva novela “La familia vino del norte”? Es una novela para mí muy importante. La hice con calma, me tomé todo mi tiempo: cinco años, aunque como todo lo que escribo, es muy breve. La novela se desarrolla, digamos... ayer. Una joven llamada Dorotea Leyva reconstruye con la ayuda de un periodista (con el cual trabaja unos meses y después anda con él) la historia de su abuelo, el general Teodoro Leyva, veterano de la revolución, hombre de Hill y serranista. La historia de Teodoro Leyva es una metáfora de la “otra familia”. Él sale de Sonora en 1910, casi un niño, con las fuerzas maderistas... el periodista traiciona a Dorotea y publica un ensayo con la vida del abuelo, y la relación amorosa entre la joven y el periodista se complica... —¿Eso quiere decir que sigues trabajando en la línea de la literatura testimonial? Si te refieres a la relación amorosa entre el periodista y la joven, temo desilusionarte. En cuanto a la vida de Teodoro Leyva hay mucho de investigación histórica... pero finalmente es un personaje construido. El libro es una obra de creación no un testimonio, pero se examinan cuestiones tan concretas como el serranismo, el poder, ciertos tabúes como la vida armoniosa de la “familia”, la herencia de un mundo renovado... Aquí también persigo un tema del que no me he podido escapar hasta ahora: la búsqueda de uno mismo, de la identidad, de la libertad del ser humano. ¿Quiénes somos? —¿Crees que con esta novela has alcanzado la madurez literaria? Quiero decir, teniendo en cuenta tus otras dos novelas... En realidad creo que uno no termina de aprender, de perfeccionar los textos. Lo sabemos hasta el cansancio. Ahora mismo si releyera algún capítulo no podría resistir la tentación de cambiar algo. Sin embargo en esta novela me sentí más segura, más plena, más dueña de un oficio que he ido puliendo desde hace diez años y que seguiré madurando a lo largo de mi trabajo. —¿Crees que sea una desventaja publicar en México? ¿En que sentido? —En cuanto a la difusión y promoción internacional No sé qué tanto pueda ser cierto. Nuestros escritores han sido ya publicados en varios idiomas. Me refiero a gente como Rulfo, Fuentes, Elena Poniatowska, José Emilio Pacheco... ellos también empezaron con dificultades. Yo he tenido hasta ahora una suerte regular. Mi primer libro pudo ser un éxito de ventas pero en la editorial donde salió no se preocuparon por promoverlo y yo estaba tan joven y tan inexperta que jamás se me ocurrió pensar que el escritor también tenía que andar por el mundo pregonando sus libros. Ahora que la sep lo publicó en Lecturas Mexicanas se ha vendido muchísimo. Y tengo esperanzas de que “La familia vino del norte” tenga buena suerte porque Océano distribuye y promueve sus libros. —¿Vives de tu literatura? A eso aspiro. La verdad mis entradas más fuertes me las da mi oficio de escritora. Trabajo en una empresa con un salario que no me permitiría vivir ya no digas cómodamente sino medianamente. Tengo fe en mi trabajo, lo hago lo mejor que puedo, trato de dar lo mejor en cada palabra, en cada línea, en cada párrafo... tal vez con el tiempo mi entrega me reditúe. —¿Cuál es tu opinión del trabajo que realizas con los jóvenes en el taller de narrativa que coordinas? Es algo que siempre me ha parecido fascinante y peligroso. Fascinante porque trabajas con gente joven que te renueva, te mantiene al día en todo, lo mismo música que cine, teatro y literatura porque siempre están al pendiente de las novedades; y uno ya no siempre lee todo lo que sale. Pero también es peligroso porque de alguna manera uno los está ayudando a formarse y ¿quién es uno para formar a nadie? También he dicho que un escritor no puede ayudar a otro a escribir y mucho menos puede ayudar a alguien que no es escritor. Uno les ayuda un poco a acortar el camino, su encuentro. A veces la crítica puede ser peligrosa, pero ¿para qué engañar a alguien que no será nunca escritor? —¿Qué escribes ahora? Últimamente he estado trabajando textos de literatura infantil. Creo que la sencillez del lenguaje que manejo me ha ayudado. He venido adaptando varias leyendas prehispánicas para niños. Pero por lo pronto no tengo en mente ninguna novela, así que estoy viviendo la consabida angustia que se apodera de uno entre novela y novela. —Gracias, Silvia. |


