![]() |
Mi familia y la Bella Durmiente cien años después El cuento favorito de María es La Bella Durmiente, y el tío |
| Casillas de Alba, Martín: Con la literatura me he reinventado: SM |
|
Casillas de Alba, Martín El Economista. La Plaza, año 1, núm. 9, 29 de enero de 1993. “Con la literatura me he reinventado: Silvia Molina”
Caminaba por el pasillo del hospital oyendo mis pasos para no pensar. La proximidad de la muerte me tomaba por sorpresa: nunca me había preguntado cuándo moriría mi padre. Desde que lo recordaba, era un hombre viejo que podría haber sido mi abuelo. Así inicia Silvia Molina su cuento llamado Hospital y la primera pregunta que le tenía preparada para esta entrevista, casi se viene al suelo. Silvia Molina es una bella mujer, apacible, que usa unos enormes lentes desde hace tiempo y de perfil podría ser Silvia Molina del Cairo, egipcia, –siempre pensé eso y hoy también a pesar de que hace siete años que no nos veíamos. Todo el día estuve pensando que Silvia es una mujer que ha caminado derecho, mirando de frente mientras a su alrededor se han colapsado, ha habido muertos, temblores, ciclones y ella sigue caminando derecho, viendo de frente, tranquila, pausada, segura. Esa imagen es insoportable. Es escritora desde muy joven e independientemente de las tormentas a su alrededor, donde se han desaparecido amigos y enemigos, escritores, cineastas, novios, galanes, amantes, digo por decir, lo que sea, ella sigue caminando derecho sin que nada ni nadie le estorbe. “Quién sabe si sea cierto”, murmura. Los años parecen no haber dejado huella por ese rostro apacible. Martín Casillas: Tengo la impresión de que en tu obra literaria evitas varios temas en forma sistemática, temas que tienen que ver con lo demoniaco, con el mal, la enfermedad, la crueldad, la locura. ¿Es cierto? Silvia Molina: Creo que no es cierto. Por ejemplo, la locura le pertenece a uno de mis personajes en la novela Ascensión Tun: en mis cuentos hay seres así, tal vez no tan perversos y demoniacos como tu quisieras, pero finalmente son maliciosos y terribles en muchos aspectos. La enfermedad y la muerte la trato de cerca en mi último libro. Un hombre cerca. La hija va a visitar a su padre y la enfermedad, en lugar de unirlos, en este caso, se recrudece el distanciamiento. Puede ser que esos temas no son lo que más me interesa a profundidad, sin embargo sí me interesa el conflicto del ser humano. Entrándole por donde sea: en las relaciones con la pareja, entre los padres y los hijos, por ejemplo. MC: Se me ocurre que tampoco por el otro lado de la medalla literaria: las pasiones, los pecados capitales o provincianos, no los he encontrado y pensé que Silvia Molina podría estar en el carril de en medio. SM: En Un hombre cerca la pasión está fuerte. La distancia entre mi primer libro (La mañana debe seguir gris) y el último es grande, aunque puedan juntarse en algún lugar. En el más reciente (Un hombre cerca) hay amor y relaciones de todo tipo: relación entre los amantes, los casados, y cuando se trata de los amantes, la relaciones varían, encuentras el estereotipo de la amante maligna y la que puede alivianar al compañero, ofrecerle la intimidad, un remanso, el descanso. Creo que están todas las pasiones que puedan despertarse con un hombre cerca, sean amorosas, sexuales o fraternales, creo que en esos relatos lo expreso. MC: En tus libros hay dos clases de temas, en términos generales: o tienen que ver con experiencias personales –nostalgia del paraíso perdido o del no encontrado– o has intentado entrar en lo que podría ser la novela histórica. ¿Existe algún plan para entrar de lleno en lo que sería la pura experiencia de la novella y los personajes imaginarios? SM: Ese es el problema que me sucede con la mayor parte de mis lectores. En realidad lo que yo hago como escritora es que logro interiorizarlos de tal manera que a la hora de sacarlos les doy algo mío, obviamente. Todos mis cuentos tienen de lo que los críticos llaman “códigos de verificación”, que en pocas palabras relacionas a tus personajes con cosas de tal manera que el lector pueda tener una relación directa, por ejemplo, camina por Coyoacán o leen El Economista o van al museo del Chopo. Entonces te suenan a historias autobiográficas, cuando en realidad es sólo pura imaginación. En La .familia vino del norte, por ejemplo, inicio con una anécdota familiar: uno de mis tíos estuvo encerrado un año en un sótano, es todo. La reconstrucción de ese personaje no tuvo nada que ver con mi tío, ni los otros personajes que aparecen ahí. Es, a fin de cuentas, el uso de recursos literarios. MC: ¿Por qué la obra literaria de Silvia Molina es corta? ¿Esa es la escala de trabajo, es el tamaño de obra que considera la autora redonda o es por prisas para publicar o agotamiento en los personajes o pura flojera? SM: En realidad escribo mucho y así borro. Mi estilo es directo, trato de sintetizar mis relatos y quito mucha basura y como no uso muchas florituras, ni me pongo a filosofar entonces voy limpiando mis escritos. Ese es mi oficio, me encargo de quitar y quitar hasta que queda redondo, como tú dices. MC: Se dice que una obra literaria deja de pertenecer al escritor en el momento en que se publica en forma de libro. ¿Este desprendimiento de seres tan queridos, de frases tan trabajadas, de una especie de locura de vivir entre el tiempo, los gestos, el vestuario, la documentación, la búsqueda a fin de cuentas de uno mismo a través de la propia obra literaria, hace que a veces, no logre terminar uno una obra o cuándo, pues, considera Silvia Molina que ha terminado con una historia, cuento o novela? SM: Desprenderse de un texto es difícil. Es como terminar una relación. Una relación amistosa o amorosa, porque claro, mientras tú estás con tus personajes estás fascinada de la vida, aunque sufras. Pero llega un momento en que ya no hay donde. Estoy de acuerdo con José Emilio Pacheco, tu puedes trabajar los textos ad infinitum, y nunca soltarlos pero que llega un momento en que es sano, terminar una relación. ¿No? El texto te va indicando que las cosas van quedando más o menos bien. Son muchos hilos que van tejiendo la historia hasta que tienes todos los hilos bajo control y se hace la historia congruente, entonces sientes, no intuitivamente, sino racionalmente, que la narración llegó a su punto. MC: Me gustaría pensar que la vida personal de los escritores es independiente de su obra literaria. ¿La falta de malicia en sus personajes son un reflejo de su vida? ¿Esto es así? SM: Hay que leer Un hombre de cerca, creo que ahí está la respuesta. Sí he caminado entre los ciclones, pero de una cosa estoy segura: hay que saber enfrentarlos lo mejor posible, es decir, bajo mi aparente tranquilidad hay mucho de fondo. Cuando yo me siento a escribir soy terrible, dejo salir mis sentimientos más crueles o más ásperos: o mis pasiones más bajas. Si no las dejara salir pues, sobre qué escribiría. Y no quiere decir que uno sea totalmente del mundo bajo, pero que sí sabe uno manejar la fantasía para tratar asuntos difíciles. La literatura no está hecha de buenos sentimientos. Si así fuese sería malísima. Lo que más interesa es conocer la vida misma. Una vez alguien me reclamaba por qué no trataba asuntos del proletariado o de la clase baja, nunca lo voy a tratar porque ni me interesa, ni lo conozco. MC: ¿Cuáles son tus autores o autoras consentidas? SM: Tengo muy pocos. La máxima es una mujer: Jean Rhys. Es una escritora inglesa que nació en el Caribe y que tiene unos nueve libros entre el relato y la novela y aparentan ser autobiográficos, tal vez por eso me impresionó tanto. Ella escribe de sus años 20 a sus años 40. Tú sientes que la vas conociendo en profundidad y resulta que murió a los 79 años y prohibió que se hiciera su biografía para que no se fueran a dar cuenta que lo que había contado era casi una pura ficción. Ella se reinventó en todas sus cosas. Y yo creo que es un poco lo que me sucede. Todo mundo cree que soy yo y que mis personajes suenan a Silvia Molina. Es un juego, es un reinventarme, es un poco poder vivir lo que no he podido vivir en la vida real, quizá, ni yo ni mis lectores. Es un lugar donde puedo poner mis anhelos, mis esperanzas. En la vida real Jean Rhys era muy vulnerable, sensible, por cualquier cosa podía llorar. De grande sufrió una soledad tremenda. Me encanta Jean Rhys. Otra es Elena Garro. Me encanta con sus Recuerdos del porvenir, creo que es la mejor escritora de México. Es brillante. Podría releerla muchas veces. Por supuesto no creo en la literatura feminista, lo he dicho mil veces, la literatura sólo se puede clasificar en buena o mala, punto. MC: Así como en los partos existe el baby blue; existe con los libros el bookie blue? SM: No. Me gusta seguir al lado de mis libros. verlos crecer. Los primeros años de escritora pensaba que después del libro, jamás volvería a tener otra idea. Ahora ya no me da tiempo, termino un libro y estoy encarrilada en otro proyecto, ya no pienso en ese libro. Puede ser un proyecto de creación propia o un proyecto de trabajo editorial. MC: ¿Cuál de tus libros o cuentos recomiendas a los lectores? SM: No sé, yo les diría que se fijen en los relatos donde los personajes están al límite de sí mismos. Cómo expresan lo que llevan dentro en ese momento. Eso es lo que he tratado de hacer en muchos de mis cuentos. Por ejemplo, qué pasa en el momento en que la mujer descubre que su marido tiene una amante y la tiene enfrente. ¿Qué puede hacer en ese momento, cuáles son los escenarios? ¿Qué sucede en la cabeza de esa mujer en ese momento? Pero también que disfruten la tensión con la que está manejada la historia durante el relato. La magia consiste en contener la tensión como si fuese cámara lenta. Eso es lo que he intentado hacer en los últimos trabajos. |


