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Mi familia y la Bella Durmiente cien años después El cuento favorito de María es La Bella Durmiente, y el tío |
| Piñón, Álida: Pasiones femeninas, El amor que me jurste |
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Piñón, Alida Diario Monitor, núm. 1590, septiembre de 2008, p. 6, C. “Pasiones femeninas”, Para las mujeres el mundo es posible no sólo sin hombres, también sin familia, sin ataduras. Así lo demostraron las beguinas del siglo xvi, así lo confirman las féminas del siglo xxi. Las prueba están en la nueva novela de la escritora Silvia Molina, titulada En silencio, la lluvia (Alfaguara; 2008). Educada en una familia mexicana de clase media; la protagonista de esta novela se pregunta si su horizonte es de veras el que pretenden sus padres. Viaja a Bélgica gracias a una beca y ahí descubre que debe combatirse a sí misma y no al mundo; también halla la historia de Catharina de Lovaina, una beguina del siglo xvi que se debate entre el amar a un hombre y el amor a Dios; y conoce a Irene, colombiana posmoderna que ante la infidelidad de su marido hace un inventario de su vida en pareja, a la manera de las descripciones detalladas que se hacen en Europa para alquilar una propiedad. La obra nació entre una estancia de Molina durante cuatro años en ese país, y el tráfico que acarreó la construcción del segundo piso Periférico, en la ciudad de México, época en la que comenzó a trazar las primeras líneas de la novela. En entrevista la autora conversa sobre las pasiones comunes de tres mujeres; que viven en mundos totalmente opuestos y sin embargo convergen. —¿Es posible que estando en una situación tan peculiar, el ánimo sea distinto al escribir? —Te abstraes, aunque también debo decir que los fines de semana los aprovechaba para revisar todo lo que había escrito. Aunque me resultó una terapia, porque no me daba cuenta del tráfico pese a que hacía cuatro horas totales de camino de ida y vuelta a mi casa. —¿En cuanto supo de las beguinas pensó que tenía una novela en las manos? —No hay beguinas ya. Fue un movimiento beguinal que inició en la Edad Media, se conformaba de grupos tanto de hombres como de mujeres, eran espirituales porque la religión imperaba, pero ellas no querían ser monjas ni estar enclaustradas, algunas vivían casi encarceladas; así que varias decidieron vivir juntas, empezaron habitando unas cinco en una casa, y la iglesia no las reconocía porque no se sometían á las reglas como sí lo hacían las monjas, así que prácticamente las ignoraban. Todas ellas eran mujeres muy preparadas y podían sostener discusiones reales con cualquier teólogo. Sin embargo la persecución no era el motivo para el aislamiento, simplemente querían vivir juntas para ser libres, para que no las explotara la familia, para que nadie les quitara sus bienes. Querían llegar a la vejez con el dinero que tenían; además se protegían mutuamente, es decir, si había algún pretendiente cuidaban que no resultara un engaño. —¿Cómo fue su encuentro con ese lugar con una historia así? —Las casas se volvieron Patrimonio de la Humanidad. Son divinas a pesar de que son muy angostas. En esa época la gente pagaba impuestos dependiendo de la medida de la fachada de su casa, así que todo el mundo las hacia pequeñas. De manera que alrededor de un bellísimo jardín central se encontraban todas las pequeñas casas. —¿Qué fue lo que más le sorprendió? —Tenían reglas de convivencia aunque no eran de obediencia o castidad, sí tenían vida religiosa pero más porque era la época, tenían a una mujer a la que llamaban la Gran Dama, quien de algún modo ponía orden. —¿Servía para salvaguardarse de la hostilidad, o eran mujeres con espíritu feminista? —Feminista. Esas mujeres encontraron la manera de ser libres en su conjunto, todas tenían una cultura amplia; hablaban varios idiomas, tocaban instrumentos; pintaban, les gustaba el baile, es decir, eran mujeres alegres y económicamente eran poderosas, porque pertenecían al gremio de los que tejían lana y producían dinero. Incluso eran fuerte competencia. —¿Qué une a las beguinas con las mujeres de este tiempo, cómo convergen? —Me inquietaba cómo se enamoraban, cómo tenían sus noviazgos. ¿Cómo iniciar una historia así? Pensé que sólo a través de alguien que no las conoce, quería poner de frente dos formas de ver la vida completamente distintas. Y a través de otra mujer, quería ofrecer una visión más, que tenía que venir de una perspectiva más cosmopolita. De manera que la protagonista mexicana que va a Bélgica a hacer su doctorado en Historia del Arte y que nunca había salido de su país, se topa con la colombiana que se ha movido en muchos mundos, con una amplitud de conocimiento. Así que vemos a tres mujeres tan opuestas, que aún así tienen vidas que se entrecruzan todo el tiempo. —¿Las une el deseo de libertad? —Sí, de ser ellas mismas. No es que crean que solas vivirán mejor, sino que las circunstancias las han llevado a tomar la decisión de vivir su propia vida. —Sin embargo hay un guiño al machismo, a un deseo de alejarse. —No lo sé, porque las ataduras de una mujer pueden ser muchas, como la familia, en el caso de la mexicana es motivada a volver a su casa so pretexto de vivir en un núcleo familiar muy unido; la colombiana se separa a pesar de una, tener una pareja estable y decide mudarse a un país donde la vida no es fácil —¿Fue difícil también para usted su estancia en Bélgica? —Sí, porque el idioma es complicado, tomé clases de nerlandés y no aprendí casi nada. Por ejemplo cuando tenía que presentar algo en público, le pedía alguien que me lo tradujera y escribía el texto como sonaba. Es un país que llueve mucho, casi todo el tiempo hay humedad, por lo tanto hay bosques que son una maravilla. Así que definitivamente no es fácil, estuve allá cuatro años y sólo aprendí lo más básico. Es además un país misterioso, como de cuento de hadas y brujas. Pero todo eso me deslumbró, realmente llegué a querer ese lugar. —¿Considera que las mujeres de la novela, planean además alejarse del fracaso? —La mexicana al principio sí; no es fácil aceptar que te equivocaste, y ella huye de sí misma, hasta que se da cuenta que de una misma no se puede escapar y sólo entendiendo a las otras dos mujeres se entiende a sí misma. Además no hay nada más difícil que encontrarse a sí mismo. Por eso creo que la literatura es muy bella, porque se vuelve un reflejo en el que nos podemos ver y nos podemos entender. Así que mi personaje, viendo a los otros, se ve a sí misma, se encuentra con mujeres que sufren como ella; que tienen las mismas pasiones, las mismas debilidades, los mismos lamentos. —¿Qué tan difícil fue encontrar las (¿?) —Fue realmente complicado, en primera quería imitar un lengua de la época, luego quería conseguir a la pareja, y el español de la colombiana. Lo más difícil fue encontrar la estructura, quería jugar con las reglas del inventario, qué pasa cuando hay un corte de caja. Sin embargo me fascinó escribir sobre mujeres tan fascinantes, por ejemplo, para hablar sobre la colombiana me acordé mucho de Ingrid Betancourt, quería mujeres interesantes, cosmopolitas, con una gran diversidad cultural, cultas, que no están dispuestas a vivir una fuga perpetua. |


