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Mi familia y la Bella Durmiente cien años después El cuento favorito de María es La Bella Durmiente, y el tío |
| Gutiérrez, Diana: Crea Molina un inventario del desamor |
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Gutiérrez, Diana Reforma, núm. 5363, agosto 2008, p. 6. “Crea Molina un inventario del desamor” El amor podría obedecer a las cláusulas de un contrato de arrendamiento. O más bien, el desamor, cuando cada uno de los involucrados hiciera el recuento de los daños en la “casa” de sus cuerpos y, entonces, debiera cobrar al otro el costo de las heridas. Así lo imaginó la escritora Silvia Molina (Ciudad de México, 1946) tras una estancia de cuatro en años en Bélgica; donde antes de marcharse tuvo que superar una prueba insospechada. “Cuando renté un departamento ahí, me asusté con el inventario que hicieron. Son arquitectos especializados en inventarios. quienes lo hacen. Cuentan el número de manchas que tiene un espejo; debido a la humedad”, señaló Molina, quien después de siete años de distanciamiento; vuelve a la narrativa con la novela En Silencio, la Lluvia. Editada por Alfaguara, la obra entrelaza las desventuras de una historiadora de arte que huye de México para olvidar, una diplomática colombiana y una beguina del siglo 16. “Pensé que este inventario podría aplicarse a las relaciones de pareja que concluyen su estancia juntos en un sitio determinado y entonces, realizan su propio inventario”, dijo la ex titular de la Coordinación Nacional de Literatura del inba. Al concluir su residencia, el inventario del piso que habitó Molina fue positivo. Pero no siempre es así, y para los “quejosos –arrendador o arrendatario– existe el manual para el levantamiento de inventarios, cuyos fragmentos fueron empleados por Molina como epígrafes de capítulo. “No es como aquí, en México, donde a lo mucho el que renta se queda con el depósito y ya. Allá son muy estrictos, pero también están los que quieren cobrar de más o pagar de menos, por eso está el manual”, comentó la coordinadora editorial de la Comisión Organizadora de las Conmemoraciones de 2010. Aunque la narración corre cronológicamente, la autora introduce guiños al lecor, a través de epístolas de la beguina Cathalina de Lovaina –una mujer que prefirió el confinamiento con otras mujeres que compartían sus mismos intereses– al clero o el hogar, así como también breves apartados sobre el arte flamenco. “La forma de la novela me costó mucho trabajo porque me preguntaba sobre cómo debía contar la historia de una pareja que hace su propio inventario si no era precisamente a través de un inventario. Entonces, introduje listas y cartas”, expresó. Molina nació disléxica y su ingreso, al disfrute de la lectura, por tal motivo, fue tardío. Aunque ha vivido lapsos distanciada de la creación literaria, admite que, pese a pertenecer a una generación que no se congregó en torno a una publicación ni tuvo tutores, la edición de libros es su mayor afición. La colección del Bicentenario La escritora Silvia Molina fue elegida para ser titular del programa editorial de la Comisión Organizadora de las Conmemoraciones de 2010, para lo cual aseguró debió adentrarse a la bibliografía histórica sobe identidad nacional. La producción editorial del Bicentenario en la Ciudad de México está conformada por cuatro colecciones y un programa para niños. “Las colecciones son: Memoria, que contempla todo lo que tiene que ver con el pasado; Creación y Obras, relacionado con las artes; Diversidad, que engloba la cultura popular e indígena y la otra es sobre el futuro”, explicó Molina. |


