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Mi familia y la Bella Durmiente cien años después El cuento favorito de María es La Bella Durmiente, y el tío |
| Cid de León, Óscar: Honra a Matamoros |
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Cid de León, Óscar Reforma, núm. 6030, junio de 2010, p. 18. “Publica Silvia Molina biografía del prócer. Honra a Matamoros”
El nombre de Mariano Matamoros (1770-1814) puede resultar familiar para la mayoría de los mexicanos, pero a diferencia de otros próceres, no figura en su imaginario con el peso que debiera. La escritora Silvia Molina recuerda que fue el estratega más importante de José María Morelos. “Incluso lo nombró su segundo con la consigna de que, si moría, debía tomar su lugar... Me extraña mucho que la historia oficial lo toque poco”. Al igual que Hidalgo y Morelos, Matamoros era sacerdote. “Pienso que a alguien le habrá parecido que exaltar la figura de un cura independentista más ya era demasiado”. En Matamoros. El resplandor en la batalla, novela histórica que la autora publica bajo el sello de Grijalbo, se adentra en la vida del personaje. Cuenta que llegó a Matamoros tras indagar en fondos históricos durante el tiempo que formó parte del equipo de trabajo de la comisión federal organizadora de los festejos del Inicio del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución, donde tenía el encargo de coordinar las publicaciones que habrían de realizarse en el marco de los aniversarios. “Matamoros se atravesó en mi camino y no pude soltarlo”. Dejó el cargo en diciembre de 2008, y a la distancia lamenta que la comisión tampoco le dé a Matamoros la relevancia que merece dentro de las celebraciones, e insiste: “No es poca cosa haber sido el segundo hombre de Morelos”. Molina asegura que la historia oficial sostuvo por mucho tiempo ideas equívocas sobre Matamoros. La imagen que se forjó del insurgente, explica, tiene como punto de partida una entrevista que su primer biógrafo, José María de la Fuente, autor de Matamoros. Apuntes biográficos (1913), le hiciera a principios del siglo 20 a impostores que aseguraron ser miembros de su estirpe. No sólo le dijeron que había nacido en Tlaxcala, dato que se creyó cierto hasta que en 2002 el historiador Gabriel Agraz García de Alba halló su acta de nacimiento y develó que era originario de la Ciudad de México, sino que además mintieron con “dolo” al asegurar que descendían de una hija directa, cuando a diferencia de Morelos e Hidalgo; durante su juicio no se le atribuyeron vástagos. “Seguramente querían cobrar la pensión que entregaba el Gobierno a los descendientes (de los héroes de la Independencia)”, observa la también autora de La mañana debe seguir gris, ganadora del Premio Villaurrutia en 1977. En Matamoros. El resplandor en la batalla, la autora destaca el carisma y la personalidad de quien fuera comandante en jefe de los ejércitos insurgentes en los estados de Oaxaca, México, Puebla, Veracruz y Tlaxcala. “Descubrí a un hombre congruente. Provenía de una familia de 15 hermanos, había tomado el sacerdocio y era una gente ilustrada, como todos los curas que participaron en la Independencia”. Matamoros entró en la guerra no por convicción, recuerda Molina. “Él no quería, realmente, pero sucedió que estaba en un pueblo que se llama Jantetelco cuando empezaron a correr versiones de que apoyaba a Morelos. Entonces fueron a apresarlo y no le quedó más remedio que huir con un grupo de vecinos y terminó por incorporarse a las tropas”. En muy poco tiempo se convertiría en la mano derecha del Generalísimo. El subtítulo del libro, El resplandor en la batalla, se debe a su pericia como estratega. Aunque hay ficción, se trata de una biografía novelada –la primera sobre el personaje– apegada a la historia, asegura Molina. Entre sus frentes figuran desde Agraz García de Alba hasta clásicos como Carlos María de Bustamante y Lucas Alamán. |


