![]() |
Mi familia y la Bella Durmiente cien años después El cuento favorito de María es La Bella Durmiente, y el tío |
| Cardoza Sánchez, Denis: Silvia Molina Premio Sor Juana |
|
Cardoza Sánchez, Denis Op cit, diciembre de 1998. “Silvia Molina, Premio Sor Juana” Al leer su última novela El amor que me juraste se percibe un tono de suavidad, mesura y delicadeza que cubre toda la historia y se mantiene a pesar del drama existencial que se vive en esta historia. Esa misma suavidad y calma la encontramos nuevamente al conversar con su autora Silvia Molina, quien recientemente fue distinguida con el premio Sor Juana que cada año se entrega en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. La conversación fluye suavemente y nos sentimos atrapados sin resistencia de igual manera que en su novela. Uno ve su trayectoria, su obra, sus premios y se antoja preguntar: ¿ha sido fácil para usted? —Bueno, son muchos años. Empecé tarde, en 1969 o 70. Estudié primero antropología y cuando todavía estaba estudiando escribí mi primera novela que por cierto nunca se publicó. Publiqué mi primera novela La mañana debe seguir gris en 1977 cuando tendría unos 30 años, que para una primera novela no es una edad tan temprana. Y resultó que fue premio Xavier Villaurrutia. Claro, me asusté muchísimo... esa novela la trabajé muchísimo, como suelo trabajar mis libros, a pesar de que no son muy extensos, tienen mucho tiempo de trabajo. Y sí, soy una gente muy disciplinada, muy trabajadora. Me gusta disfrutar de muchas cosas pero cuando me siento a escribir, realmente me siento a escribir, estoy comprometida con mi trabajo; porque además es cuando mejor se siente uno. Aunque el acto de la escritura no es precisamente un acto agradable. No es como estar sentado en una playa tomando el sol. Es una batalla continua. —¿Llega a ser doloroso? —Yo no diría que doloroso. Es interesante porque es estar resolviendo problemas todo el tiempo. Esa es la escritura desde mi punto de vista. A lo mejor no es el verbo, a lo mejor no es cómo lo quiero decir, a lo mejor el personaje no te sale y entonces es un problema tras otro; es estar resolviendo las cosas lo mejor que puedes, lo mas honestamente que puedas. Y es un estado de inquietud, porque ni sabes dónde está la solución del problema. —¿Siempre tuvo claro el que se iba a dedicar a la escritura? —Yo nunca pensé que iba a ser escritora. Cuando escribí mi primer libro que no se publicó lo escribí sin pensar que se iba a publicar ni nada de eso, era una especie de necesidad que de pronto todos tenemos de decir algo. —¿Cómo distribuye su tiempo ahora que ya es una escritora con trayectoria? —Trabajo en esta editorial (Corunda) toda la mañana y en las tardes me dedico a lo mío realmente. Si estoy escribiendo, estoy escribiendo todas las tardes. Yo soy nocturna, me acuesto tarde. Estoy más fresca cuanto más noche es. —A usted se le reconoce como una autora infantil importante. ¿Qué tan difícil es escribir para los niños? —Es muy difícil. Creo que se requiere un poco de espíritu de travesura y de entender que los niños son muy inteligentes y que merecen todo el respeto del escritor. Es un reto porque cada vez, quizás más ahora con tantos problemas que hay de promocionar la lectura infantil, quizá cada vez haya más lectores infantiles, pero no son muchos de todas maneras. Pero sientes como que tienes la oportunidad de sentar a un niño cinco minutos a leer un libro y lo que puedes hacer con un mal texto es alejarlos definitivamente de la literatura. Es una cosa horrible, un compromiso espantoso. Y siempre busco divertir o entretener a los niños, darles un espejo porque la literatura es eso, darles un espejo donde ellos se puedan encontrar de alguna manera. Fíjate que yo lo aprendí un poco cuando mis hijas eran muy chicas; yo les leía muchísimo, muchísimo y era muy interesante; yo veía sus respuestas a los textos que les (¿?) complicidad que definitivamente no podrá romper nadie. Y si este es un cuento nada travieso, es más bien un cuento difícil, pero creo yo que está suavizando la crudeza de la vida y da una esperanza y un puertito donde la niña puede llegar. —¿Cómo le va a su última novela El amor que me juraste? —Pues ya se terminó la primera edición, lo cual para mí es muy bueno. Fueron 4 mil ejemplares que salieron en enero de este año. Para mí es muy bonito porque yo he sido una escritora digamos sin mucha promoción, soy una escritora afortunadamente como respetada, digamos, y sobre todo por mis colegas escritores. Mis libros se reeditan y se reeditan, las ediciones que tengo en Cal y Arena tienen once y doce reediciones y todo muy silencioso. Soy una escritora que está en las librerías constantemente pero no con mucha promoción. Y creo que también a lo largo de todos estos años yo había hecho lectores, mis lectores, de alguna manera. Creo que ni en la misma editorial sospecharon que se agotara la edición tan pronto. —E1 tema de la infidelidad que se plantea en su personaje es interesante por la forma aparentemente injustificada en que se da; ahí está la naturaleza humana. —Ella tiene una vida en su matrimonio “normal”. Hay muchos hombres como el marido y muchos como el médico. Marcela tiene una familia con el marido y con los hijos bastante estable y se empieza a aburrir, yo creo, de pronto; a veces yo creo que las mujeres y los hombres no entendemos que la manera de relacionarnos son distintas, yo siento que muchas veces las mujeres esperan del hombre ciertas cosa o el hombre espera de la mujer ciertas cosas que nunca nos vamos a dar mutuamente porque nuestra constitución y nuestra manera de ser no es para eso. Y hay que entender y descifrar los códigos del otro y no necesita que el otro te esté diciendo te quiero, te quiero y te quiero para que sepas que te quiero, basta con que te tome de la mano. Pero hay muchas mujeres que están esperando no descifrar códigos sino dar los códigos claramente a su alrededor. Y yo siento que lo que yo quise poner en mi personaje de alguna manera fue un cierto aburrimiento y un cierto cansancio, de pronto la vida le cambia por la enfermedad de la madre y tiene que estar con ella y entonces entre que le cambia la vida y entre que el marido está ocupado todo el tiempo con sus cosas y que son cosas muy válidas, pues por ahí hay un filito por donde entra un viento. Lo que yo quise plantear finalmente, el punto final de la novela es que la historia se repite y se repetirá por los siglos de los siglos y siempre va a haber ese tipo de situaciones, la hubo entre los padres del personaje, la hubo en ella y la seguirá habiendo hasta en los hijos y demás... —¿Siente usted que haya algún denominador común en su obró total? —Lo que hay un poco en toda mi obra es la búsqueda de la identidad. En general mis personajes femeninos son mujeres de distintas edades, de distintos ámbitos sociales y son mujeres rebeldes que ya no quieren lo que vivieron las abuelas ni lo que vivieron las madres y rompen y la fractura también está en la generación y entonces es difícil, son cosas dolorosas. Eso sí creo que lo he tratado bastante. |


