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Mi familia y la Bella Durmiente cien años después El cuento favorito de María es La Bella Durmiente, y el tío |
| Estrada, Josefina: Entrevista a Silvia Molina: el miedo a la literatura |
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Estrada, Josefina “Entrevista a Silvia Molina: el miedo a la literatura” Sábado, núm. 863, 16 de abril de1994. El panorama editorial Muchas editoriales están concebidas como compañías que sacan productos para vender. En 1992 estuve en Alemania, en donde sostuve una reunión con editores, y la mayoría decía que no publicaban un libro si no tenían de antemano la certeza de que iban a vender una gran cantidad. Nos dijeron: “Somos consorcios, somos compañías que venden. Hacemos un estudio; si el libro va a vender 500 ejemplares, así sea del non plus ultra de la literatura alemana o francesa, no vamos a publicarlo porque nosotros buscamos dinero.” Se maneja mucho a best sellers, y los libros de literatura de buena calidad disfrutan de un mercado muy reducido. Eso sucede en México, en Editorial Planeta, concretamente: buscan una imagen del libro ciento por ciento vendible, aunque el producto no sea de una calidad literaria comprobada. Incluso el nombre de las colecciones son muy llamativas: “Los grandes narradores contemporáneos”, por decir algo; aunque no sean ni grandes ni sean narradores. Quieren manejar la literatura como un producto más en el mercado. La buena literatura se promueve y se vende muy poco, no sólo en nuestro medio sino en otros países. El panorama para los editores y los autores está muy difícil porque a la literatura no se le da una gran promoción; la publicidad es carísima. No puedes invertir cinco mil nuevos pesos en publicidad semanalmente porque el libro no te lo devolverá nunca. Literatura light No logro entender qué es eso. Hubo una polémica en donde, entre otras cosas, se decía que la literatura light en Inglaterra, en cierto periodo, era de buena calidad; no se trataba de un término despectivo. No tengo una definición clara, pero siento que lo manejan más como best seller (en el sentido de que no está escrito con una pasión literaria, que no hay una preocupación artística). Porque escribir un libro bien y con sencillez es muy difícil. El hecho que un libro sea lineal, que no esté escrito en tres planos distintos, no significa que no valga la pena. No me convence el término light en el sentido de que sea una literatura ligera, a menos que se quiera calificar con esta etiqueta a la literatura que está hecha al aventón. Interés del público a su propia narrativa Desgraciadamente, no hay mucho interés de parte del público mexicano por su narrativa. No quisiera caer en el lugar común y decir que el pueblo mexicano no lee; lee muchísimo, más de lo que podemos imaginar, pero lee comics, fotonovelas, cualquier cosa que no sea literatura de calidad. Todos tenemos la culpa de eso: el gobierno, el sistema educativo y los escritores. No pudimos atacar el problema desde la raíz: los niños. Por eso edito colecciones de literatura infantil. El problema radica en que nunca leímos por placer, sino por obligación. En Sanborns la gente compra revistas, best sellers, libros de humor, y un público muy reducido se dedica a cazar las novedades mexicanas y extranjeras. Todo el mundo teme a la literatura; déjame darte un ejemplo: tengo dos hijas, de 19 y 21 años, que son lectoras, pero cuando eran niñas, yo quería comprar libros para obsequiar en las fiestas de sus amigas, y ellas me lo impedían porque decían que se veía mal. Público femenino Las mujeres siempre han leído mucho más que los hombres. Hice un estudio sobre la literatura en el siglo xix en Campeche. Observé que todas las revistas literarias de entonces tenían un público preconcebido: el de las mujeres. Estas revistas tratan fragmentos de novela rosa. La mayor parte de las novelas que se han vendido bien son textos que no están ofreciendo historias bobas, sino que están bien escritas y que conservan cierta sencillez. Pero no quiere decir que todas las mujeres que compran el libro de moda llegan a su casa y lo leen de cabo a rabo. Simplemente algunas lo adquieren porque está de moda. Y está bien. Si ese libro, de alguna manera, satisface a un número de lectores, los llevará a otras obras. Para leer se necesita de cierta práctica y educación. No puedes dar un libro clásico a un lector que nunca ha leído. Esto fue lo que nos pasó a nosotros en la escuela. Si se empieza cautivando a un lector con literatura sencilla e interesante, pegará poco a poco a cosas más valiosas. Los premios Primero que nada, los premios sirven para impulsar la creatividad de los autores. Todos los premios que ofrecen un monto considerable hacen que los autores se vean estimulados y vean la posibilidad de recibir un reconocimiento y un respiro en la complicada vida que tenemos todos los escritores que hacemos millones de cosas. Si se sabe manejar también la imagen del libro premiado, se venderá más. Pero, muchas veces, comprar un libro premiado puede distanciar a los posibles lectores: éstos pueden sentir que eso es literatura seria y que no están preparados para disfrutarla. Quien determina el gusto Influyen mucho los editores en el gusto del público. En mi colección la Osa Mayor hice un esfuerzo por hacer unas portadas muy elegantes y con una caja tipográfica bonita. No tuve mucho problema para entrar en Gandhi, El Parnaso, Cristal, pero fui a los Vip's y mis libros no son como los que se venden ahí. Yo te compro, me dijeron, si me das las cien mejores poesías de América Latina. O si fulano de tal da consejos de belleza. Ahí no sé si el vendedor marca lo que tiene que leer su cliente o, de antemano, está clasificando que la clientela de Vip’s eds, sólo y exclusivamente, gente estúpida que no puede leer una buena novela corta durante el fin de semana. O si de plano han comprobado que si ponen otras cosas los lectores de los Vip’s no las compran. La cadena en el proceso de un libro es el escritor, el editor, el distribuidor –que es complicadísimo– y el vendedor. No basta llevar los libros a las librerías con un distribuidor, sino que el que está en las librerías lo venda. También depende del lugar y de cómo se expongan los libros en las librerías. De que el librero esté enterado del producto que se le da. Muchas veces aceptan un libro si la portada es atractiva. Si la portada tiene un detalle que dé lugar a la censura, el destino del libro será incierto. A mí me interesaría tener un best seller, desde luego, porque son los que dan para comer y la posibilidad de editar otras cosas. Pero no me he lanzado porque tengo cierta vergüenza de sacar libros como Consejos prácticos para recién casados.
¿De quién es el problema: de los escritores o de los lectores? Si escribes una novela experimental, interesante, pero que funciona en varios planos narrativos y varias voces, el lector común y corriente no está preparado para entender eso, porque no ha leído infinidad de literatura infantil y juvenil. Como no tiene esa preparación, se asusta y no quiere enfrentarse con una literatura complicada. Es frustrante. He impartido talleres de lectura y siempre he procurado que sean de literatura mexicana. Empiezo con textos que pueden ser muy divertidos; no tenemos mucha literatura divertida, pero la tenemos, y son obras maestras, corno: El complot mongol de Bernal; El tren que corría, de Carballido: La gota de agua, de Leñero. Son libros que pueden atrapar a un lector y asegurarle que no se va a aburrir, que es un libro que está bien escrito y que no se va a romper la cabeza tarando de descifrar las grandes metáforas ni las grandes imágenes, y las que hay están tan bien hechas que él puede entrar en ese mundo y reconocer su entorno. Es un proceso de adecuación de la lectura. Fracasos de venta Un verdadero fracaso es cuando de plano no puedes meter el libro en el mercado. Tuve una colección infantil de ocho libritos en pasta dura, de ocho centímetros, muy bien editados, con ilustraciones a color. En una feria del libro de Estados Unidos vi que estaban manejado con mucho éxito este tipo de libros. Hice la colección basada en lo que había visto. Y son un fracaso en librerías. Los libreros me decían que estaban muy bonitos, pero que no me los compraban porque se los iban a robar. Me compraron tres o cuatro colecciones para ellos, pero no los vendieron. En Estados Unidos vendí toda la producción. La colección de cuerpo entero Se tiran mil 500 ejemplares de cada libro de esta colección. Se habla mucho de ella; se macen muchas reseñas críticas, pero siento que esa colección tuvo un problema de principio. La unam se queda con un número determinado de ejemplares que regala a los críticos, a la gente del medio, a los profesores, que son la posible compra en una librería. Pero no se le da mucha promoción. Son libros que llaman la atención. En muchas universidades los adquieren para estudiar la intimidad del escritor, pero hay el problema de la distribución. He tenido muy mala suerte con los distribuidores. Ahora estoy distribuyendo yo misma, porque a mi, más que a nadie, me interesa distribuir. Los jóvenes son unas hachas Pertenezco a una generación a la que ni siquiera se le ocurrió la posibilidad de promovemos a nosotros mismos o de contratar a un agente literario o de ver la posibilidad de que nos tradujeran; la mayor parte seguimos trabajando de manera independiente. Siento que la generación posterior a nosotros sí se promovió; muchos de ellos se iniciaron en los talleres literarios que dirigían los escritores de la generación anterior a la mía. Los escritores jóvenes son unas hachas en promoción personal. Está bien, me parece maravilloso. Admiro, además, las energías que invierten en su propia promoción cuando deberían estar escribiendo. En México deberían existir agencias que hicieran ese trabajo. El gusto internacional No hay una línea. En las ferias internacionales de libros veo que se venden mucho los libros de cocina o deportes; y los ilustrados, tipo comic, la literatura infantil es lo que más se vende en Estados Unidos y en toda Europa. La industria de la literatura infantil es muy amplia; los editores, los autores y los ilustradores ganan mucho. Ignoro cuál sea el secreto que haga que un libro de autor mexicano se venda. Creo que un libro que busque el sentido de la vida, que exprese sentimientos universales, puede interesar en todas partes del mundo. En el stand de México vi que se negociaban libros de Cómo hacer..., son muy comerciales; pero estamos hablando de libros que no son literatura. Creo que cualquier obra bien escrita es traducible y puede ser un éxito, pero se necesita promover al escritor, que salga al extranjero a dar conferencias. Para eso se necesita un aparato administrativo. Hay una carencia de agencias internacionales. Las grandes editoriales tienen catálogos que ofrecen los derechos de los libros. ¿La novela o el cuento? Es un hecho que la novela se vende más que el cuento, que el cuento se vende más que la poesía, y que la poesía se vende más que el teatro. En Estados Unidos vi que casi no quieren publicar novela corta. Si aquí le llevas a un editor una novela que tiene 400 páginas, se va de espaldas porque el costo al público se va a elevar muchísimo. En Estados Unidos está de moda editar libros de 300 a 600 páginas para el mercado de los lectores de week end; este público quiere llevarse un libro, no diez ni tres, para leerlo completo el fin de semana. Un autor pendiente A los autores les pediría que ayudaran al editor. Que estén pendientes y que no les baste con que su libro esté en Gandhi, sino que vayan y hablen con los vendedores. Quisiera que los autores que tengo hicieran la labor de hablar con los libreros. Los autores también pueden cooperar para las ventas de sus libros. Editorial Corunda Estoy asociada con Silvana Cervera de Islas; es una impresora, de Multidiseño Gráfico. Comenzamos en 1968 y, desde entonces, no he podido crecer lo que yo quisiera; mi capital es muy poco y lo que saco lo reinvierto en otros libros. Tengo varias colecciones: De Cuerpo Entero, en coedición con Difusión Cultural de la unam; La Tortuga Veloz , en coedición con la dirección de Publicaciones del Conaculta; otra de literatura infantil, de leyendas prehispánicas; La Osa Mayor , de literatura hispanoamericana. Edito por lo menos 12 o 14 novedades por año. Hay que arriesgarse Las editoriales no se están arriesgando. Creo en la literatura. Todos empezamos igual; también se arriesgaron con nosotros. Don Joaquín Díez-Canedo se arriesgó con mi libro; no veo por qué yo no voy a arriesgarme con buenos autores. Por ejemplo: Mauricio Molina, Rodolfo Palma Rojo, Eloy Urroz... Publiqué a Enrique Buti, que es argentino, en su país se ha ganado cierto prestigio. Hay gran cantidad de jóvenes narradores que empiezan muy bien, su obra es sólida, publicable. Así empezó Joaquín Mortiz, se arriesgó con escritores jóvenes y desconocidos y, finalmente, son los que hacen los catálogos de Mortiz o de Siglo XXI o de Era. Pero cada vez es más difícil lanzar a autores jóvenes, aunque sean de calidad porque no hay una infraestructura en las editoriales de los grandes consorcios. |


