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Mi familia y la Bella Durmiente cien años después El cuento favorito de María es La Bella Durmiente, y el tío |
| Collado, Fernando del: Silvia Molina escritora: nunca recurro a Epicuro |
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Collado, Fernando del, “Silvia Molina: escritora. ‘Nunca recurro a Epicuro’” El País, 4 de febrero de 1996. Como en los cuentos mismos de las ediciones Corunda, la escritora Silvia Molina, por sus poderes mágicos, vuela, crece y sigue volando. Pregunta. ¿Qué frases le llegan, ahora mismo, de su infancia? Respuesta. Más que frases, me llegan risas. Estoy con mis hermanos jugando canicas. P. ¿Le han dicho que no manche su vida de gris oscuro, especialmente por las mañanas? R. No, nunca me lo han dicho. Lo que sí han dicho mal, es el título de mi novela. El nombre original es La mañana debe seguir gris, pero todo mundo dice La mañana es gris, La mañana deberá ser gris. Nunca le atinan. P. ¿Aún confía lo suficiente en la palabra como para cambiar conciencias? R. Sí, todavía mantengo esas esperanzas. P. ¿Qué hizo el 6 de julio de 1988? R. Esperar que llegaran los papeles de la editorial Corunda. Firmamos el acta constitutiva el 7 de julio. Estaba muy emocionada porque se hacia una editorial y pensaba que realizaría muchas cosas. Ya veo que es muy difícil. P. ¿Y anoche? R. Anoche, ¿qué? P. Anoche qué hizo. R. Leí una novela de Graham Greene. Y en algunos momento me pareció que estaba leyendo a Hugo Hiriart por ciertos humores. P. ¿Recurrir a Epicuro es un buen analgésico para cuando se escribe? R. Híjole, yo nunca recurro a Epicuro. P. ¿Qué es el gozo? R. Es un instante. P. ¿Por qué sufre cuando escribe? R. Porque la escritura es la resolución de problemas constantes. Y se sufre cuando no se pueden resolver tal y como uno los quisiera. P. ¿Cuál sería la más reciente noticia cultural? R. El Xavier Villaurrutia a Carlos Monsiváis. P. ¿En que calles capitalinas halló la fantasía y lo mágico? R. En la colonia Roma, porque ahí vivía mi abuela. Y la libertad la hallé en Polanco. Cuando era niña me iba en bicicleta hasta las Lomas sin medir distancias. Ahora, es imposible. P. ¿Que le dice a un policía judicial? R. Yo lo veo y corro. Me escondo. Me dan miedo. P. ¿Con que asocias a los imecas? R. Con la angustia, con la oscuridad, con la falta de oxígeno, con la tristeza. Con los niños que tienen que desarrollarse en un ambiente viciado. P. ¿Qué rescata de su actividad académica? R. Compartir con los jóvenes mis experiencias. P. ¿Qué es una pluma complaciente? R. Una pluma que hay que tirar porque no sirve. P. ¿A qué nexos con su vida presente le da más vueltas? R. Al silencio, a la ausencia, a la novela que estoy escribiendo y no me sale. No sé, a querer tener más tiempo mío. P. A propósito de recuperaciones, ¿de qué país hablará Zedillo? R. Yo soy muy ingenua y quisiera que, en verdad, nos recuperáramos. P. Santiago Oñate asegura que no hay narcos en el pri, ¿usted le cree? R. Para empezar, no sé que serán los narcos para Santiago Oñate. De cualquier forma, no tengo porque creerle. P. ¿Qué hace cuando hay luna llena? R. Cuando se llega a ver, me alegro mucho. La verdad es que me gusta verla. Pero no convoco a nadie. Azul tranquilo Si de colores se hablara, Silvia Molina sería el azul. A la escritora, que ganara el premio Xavier Villaurrutia en 1977 por su novela La mañana debe seguir gris, ese color le sugiere “tranquilidad”. Y en ese tono parece manejarse. No es posible sorprenderla ni mucho menos, alterarla. Nació en el Distrito Federal con el nombre de Silvia Pérez Celis. Estudió letras y fue becaria del Centro Mexicano de Escritores. Es autora de innumerables cuentos infantiles y cuatro novelas. Ha colaborado en numerosas publicaciones literarias e impartido cursos y talleres en la unam. En 1988 fundó la casa editorial Corunda desde donde ha dado a conocer títulos para todos los públicos y todas las edades, atendiendo de manera especial a los niños. |


