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Mi familia y la Bella Durmiente cien años después El cuento favorito de María es La Bella Durmiente, y el tío |
| Espinosa, Jorge Luis: La novela (El amor que me juraste) de Silvia Molina se presenta mañana... |
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Espinosa, Jorge Luis “La novela de Silvia Molina se presenta mañana en el Centro Cultural San Ángel. El amo que me juraste, historia de una mujer que abandona su cómoda pero aburrida estabilidad”, Uno más uno, sec. Cul. 25 de febrero de 1998, p. 33.
Silvia Molina dice que es una autora que escribe de manera lenta, que se tarda en el proceso que va de la idea a la novela misma, por lo cual no es de extrañar que luego de casi 8 años de ausencia en el panorama novelístico del país, hoy vuelva con El amorque me juraste (Joaquín Mortiz, 1998), un libro que mañana se presenta en el Centro Cultural San Ángel a las 19:30 horas. Autora de la muy celebrada novela La mañana debe seguir gris, que en 1977 obtuvo el Premio Xavier Villaurrutia, Molina es una narradora que a la par de esta actividad se desempeña como editora y autora de libros infantiles. Más dada a la seriedad que a la extroversión, pero no tanto como en el pasado —acota— Molina, a decir de los editores, ha vuelto con El amor que me juraste a escribir una novela tan intensa y perturbadora como La mañana debe seguir gris. Ubicada en San Lázaro, lugar sin geografía precisa, pero que podría estar en alguna costa del Golfo de México, El amor que me juraste relata la historia de una mujer madura que ante el panorama tan vacío que ve en su entorno familiar, decide romper con todo y vuelve al lugar de su infancia, donde se reencuentra con su pasado. —Esta es una historia de desamor, búsqueda... ¿Qué encontró ahí que lo hiciera decidirse a relatarla? —Yo soy una narradora y lo que me interesa es contar historias. Aquí lo que cuento es varias historias paralelas. Una es la de la narradora y su pareja. Otra se refiere a la relación de sus padres. Una más sobre el pasado de su progenitor y finalmente la historia del pueblo San Lázaro. Ahora, qué son esas historias. Desde luego no son alegres, por la pasión que cada una de ellas encierra. Siempre hay una pasión de por medio que lo mismo es por el dinero, el poder, el amor o la traición. A mí me interesaba contar qué es lo que pasa dentro de uno cuando todo esto se va dando. Me atraía escarbar en el interior de la narradora, de la mamá de ella, de esos hombres en la búsqueda del poder y el dinero. —Como que esta situación de la mujer madura que se enfrenta a su soledad y decide por su propia vida, es algo que anda flotando mucho por el ambiente. ¿En este sentido, el novelista es ese termómetro del entorno? —Yo siento que mi personaje, Marcela tiene muchas cosas. Es valiente, por ejemplo. Alguien que se arriesga y toma decisiones aunque luego se equivoque. Es profesionista y tiene un matrimonio estable. Su vida familiar no es un infierno realmente, pero empiezan a sucederle muchas cosas. Por un lado el aburrimiento, la desazón de esa misma vida y por otro lado la enfermedad de la madre que la obliga a distanciarse de su vida activa y creativa. Su marido, digamos es bueno, pero siempre anda metido en los problemas Urgentes y extraordinarios de su profesión y la política del país: Ante este panorama ella decide tomar la oportunidad de dejar todo y tomar el autobús que se ha estacionado en su existencia. Y la interrogante, el planteamiento de la novela es ese: qué sucede cuando se toman este tipo de elecciones. —¿Y dónde halló a Marcela? ¿Dentro de sí, afuera, en la ciudad? —La encontré un día en el andén del metro Miguel Ángel de Quevedo... No. Tiene mucho que ver, creo, con las mujeres de mi generación, la problemática que vive la mujer. Ya sabes, los escritores siempre nos robamos de aquí y allá historias, anécdotas que luego retomamos. En general yo soy una persona introvertida, callada, tímida. Ya se me ha quitado un poco, pero mantengo mucho esta actitud que me ha permitido ser muy observadora y receptiva. Esto también me hace reflexionar sobre lo que veo y por ahí se tejen las historias, además que como autor uno tiene sus propias obsesiones. En mi caso son la búsqueda de la identidad, la problemática de la familia, la relación con el otro, la búsqueda del padre... Todo esto de una u otra manera se ha ido tejiendo en mis ficciones, aunque no de manera consciente. Nunca digo: ahora voy a escribir sobe esto. El amor que me juraste fue una historia que me tardé dos años en pensarla y cuatro en escribirla. —Me llama la atención que entre esta y su anterior novela Imagen de Héctor existan ocho años de diferencia. ¿A qué obedeció esto? —Para empezar soy muy lenta para escribir, y al terminar un libro no puedo decir que tenga la idea del otro. Me tardo en pensar y luego escribirla, como en esta ocasión. Me tardé cuatro años en escribirla, porque hice como 11 versiones. Soy lenta y no porque no trabaje, sino porque corrijo demasiado y a veces esta actividad se torna peligrosa para el escritor. Pero en este lapso que va de una novela a otra, escribí otras cosas: cuentos para niños, una obra de teatro, un cuaderno de viajes y la labor normal de la editorial, pero siempre estaba a mi lado esta novela. |


