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Castro, Alberto, “México sin tradición en literatura infantil: Silvia Molina”
Noroeste, 24 de junio de 1994.
Silvia Molina ingresó al mundo de la producción literaria naciendo en 1977 al publicar su primera novela, La mañana debe ser gris, con la que obtuvo su primer Xavier Villaurrutia.
Desde entonces y paulatinamente se ha convertido en una de las voces que mejor representa a la literatura echa por mujeres en México, con novelas como Ascensión Tun, La familia que vino del norte, Imagen de Héctor, Dicen que me case yo, Un hombre cerca.
Ha combinado su pasión de escritora con la editora de libros infantiles. En 1992 fue galardonada con el premio nacional de literatura infantil Juan de la Cabada, conferido por el Instituto Nacional de Bellas Artes y el gobierno del estado de Campeche por Mi familia y la bella durmiente cien años después.
Precisamente en este libro Silva Molina juega con una historia del pasado y una del presente, además de reivindicar uno de los géneros literarios marginados por la modernidad: el epistolar.
Molina habla de las dificultades en su oficio:
—¿Por qué decidió ser editora de libros infantiles?
—Porque es muy creativo. El editor juega a ser editor, a hacer libros pensando hasta en el último detalle que pueda servir para atrapar al lector. Porque es un reto y me gustan los retos, por eso soy editora, si no lo habría dejado.
—¿Cuáles son los problemas a los que se enfrenta como editora?
—Demasiados problemas tiene un editor tan pequeño como yo, que lo único que tiene son ganas de hacer libros que envuelvan el placer de la lectura a los niños. No tengo dinero. Desde que fundé la editorial Corinda, he trabajado de free lance para sostenerla. He sido mi propio mensajero, mi propia secretaria.
—¿Cualquier escritor puede escribir para niños?
—Por desgracia, no. Escribir para niños es difícil. Hay que encontrar un tono, una manera de decir, una historia atractiva. Hay que tener un profundo respeto por el niño, pensar que es un lector inteligente. No es nada sencillo.
—¿Ha rechazado textos de escritores importantes para tus libros de la colección “La tortuga veloz”?
—Sí. Por diversas razones, he rechazado cuentos de escritores que son incluso amigos míos. Puede ser porque mi colección es para niños muy pequeños y requiero textos breves; puede ser porque de plano no funcionan. Y no funcionan porque el lenguaje no es adecuado, porque las situaciones son fallidas, porque el tono no es para niños.
—El escritor se precia de que escribe lo que quiere, ¿también lo hace el escritor infantil?
—Sí, claro. También. Sólo si se sabe hacerlo para niños. Esa es la diferencia. El escritor para niños sabe que tiene un lector determinado, específico: un niño de ocho años, por ejemplo. Creo que no elegiría hablarle de un pasión tormentosa simplemente porque el niño no va a entenderla.
—¿Cuáles son los temas que le están prohibidos al escritor infantil?
—No sé. No sé si deba haber temas prohibidos. Todo es cuestión de que el escritor piense que su lector es un niño que no ha vivido ciertas cosas que podría entender sólo con la experiencia. Creo que la violencia, el crimen, el sexo, por ejemplo, no serán adecuados para un público infantil. Pero, por ejemplo, la experiencia de la muerte, si la desaparición de un ser querido sucede. Si se le da al pequeño un texto sutil donde pueda reconocer ese sentimiento que ha experimentado, incluso le va a servir para entenderse. Todo es cuestión de cómo decida el escritor acercarse al niño. |