|
Laurini, Miryam, “De escritores y fantasmas (I). Silvia Molina: la escritura, reflejo de la vida”, El Universal, 9 de junio de 1993.
Trabaja en una oficina sobre el Periférico donde se oye el ruido del tránsito y el de las máquinas de la editorial que dirige. Acumulación de decibeles que parece no afectarle, porque Silvia Molina se ve mujer apacible, simpática y hasta sabe reírse de sí misma.
Tiene publicados, entre otros libros, La mañana debe seguir gris, Ascensión Tun, La familia vino del norte, Imagen de Héctor, Un hombre cerca y Dicen que me case yo. Silvia Molina es como escribe. Buena escritora y buena mujer. Desde mi punto de vista este hecho habla muy a su favor, porque a veces los lectores nos aburrimos con el esfuerzo de tener que separar al escritor del hombre. Ahora vamos con Silvia para conocerla un poquito más. —¿Por qué te hiciste escritora? “Me hice escritora sin darme cuenta. Empecé a escribir en la preparatoria, escribí una novela que nunca publiqué.' Después estaba en un taller literario y una de las asistentes anunció un concurso en una revista de cuentos. Motivada por el concurso escribí cuentos pero no me salían. Entonces me di cuenta de que no me interesaba mucho el concurso, lo que me interesaba era recontarme a mí misma una historia, componerla en mi interior. Me puse a escribir La mañana debe seguir gris, mi primera novela publicada. Cuenta un poco de mi estancia en Inglaterra, donde conocí a José Carlos Becerra, un poeta mexicano que murió en un accidente automovilístico. Me encantó volver a hacer esa historia, habían pasado muchos años y necesitaba recomponerla para entender algunas cosas, y eso fue lo que más me importó durante la escritura de esa novela”. “No creía que estaba escribiendo una novela que iba a ser publicada, también, quizá por eso, fui más aventurada. Como pensaba que nadie la iba a leer realmente escribí lo que yo creía que debía escribir. Cuando me dijeron que había posibilidad de publicarla, estaba segura de que no se haría realidad porque no me sentía escritora. Pero bueno, se la llevamos a Diez Canedo, de Joaquín Mortiz, y la publicó muy rápido. Me dieron un premio (Villaurrutia 1977), por La mañana debe seguir gris, y creía que no merecía ese premio porque seguía sin sentirme escritora. No se me ocurría otra historia. Me daba angustia, pensaba y pensaba y no se me ocurría otra historia. “Pasó mucho tiempo hasta que se me volvió a ocurrir algo. También tuvo que pasar mucho tiempo para darme cuenta de que a mí así me funcionaba: necesitaba recargarme, llenarme de cosas, para luego poder escribir”. —¿Cuándo tomaste conciencia de que eras escritora y tenías tu propio ritmo, ya te sentías plenamente involucrada con el quehacer literario? “Sí, ya estaba involucrada. Pero, cuando terminé La mañana debe seguir gris, no se me ocurrió que podía escribir en suplementos culturales, en revistas o acercarme incluso a otros escritores. Pertenezco a una generación muy extraña. Mi generación no tuvo nunca conciencia de grupo, ni nos interesó entrar en pugna con la generación anterior, como suele suceder. Nosotros, al contrario, nos nutrimos de la generación anterior y trabajamos aislados, cada quien en su casa”. —Quienes son los escritores de tu generación? “Aline Peterson; María Luisa Puga; Hernán Lara Zavala; Jorge Aguilar Mora; David Martín del Campo; Bernardo Ruiz; Aguilar Camín; Joaquín Armando Chacón; Guillermo Samperio... creo que no olvido a nadie. No somos muchos”. —¿Qué tipo de literatura te marcó más, a quien o quienes reconoces como tus mayores influencias? “Mira, yo fui muy mala lectora en la secundaria y regular en la preparatoria. En la preparatoria me fui dando cuenta, por las novelas de la onda, no por los clásicos, que la literatura era algo que también podía estar cerca de mí. Cuando ya había publicado La mañana debe seguir gris, supe que me hacían falta muchas más lecturas”. “Una escritora que creo que si me marcó fue Anne Philips, la esposa de Gerard Philips, especialmente con una novela en donde cuenta cómo su esposo se muere, va narrando la agonía. Es una novela de pura voz interior, me llamó mucho la atención el tono de intimidad con que está escrita, y a mí lo que me gustó fue ese tono. “Otra escritora que me marcó mucho es Jean Rhys. Me topé con un libro suyo de casualidad que se llama Buenos días medianoche, y lo que me impresionó es que hablaba de la mujer con un tono distinto.
Laurini, Miryam, “De escritores y fantasmas (II). Silvia Molina: la escritura, reflejo de la vida”, El Universal, 10 de junio de 1993.
—Reconoces a dos escritoras: Jean Rhys y Anne Phillips, como influencias importantes en tu obra ¿Hay alguien más? “Sí, Elena Garro. Cuando leí Los recuerdos del porvenir, admiré ese libro muchísimo. Elena se me hizo de una inteligencia superior y me gustó también el tono que utilizó para escribir esa novela. Siento que también ese libro de alguna manera me marcó. Otra cosa interesante que me ocurrió con Elena Garro fue que la conocí en París. Yo tenía 14 años, estuve con ella muchas veces conversando, comiendo, pero no había leído nada de su obra. Después regresé a México. Una vez Elena vino de visita porque iban a filmar una de sus novelas, me llamó desde su hotel para que fuéramos a tomar una copa. Yo la admiraba mucho, me deslumbraba su personalidad, era una mujer valiente, aventada, simpática, seguía sin leerla”. “Años más tarde, cuando por fin, la leí, me entusiasmé doblemente, por su personalidad y por su literatura. Entonces puedo decirte que estas tres escritoras (Anne Philips; Jean Rhys y Elena Garro), en particular, me marcaron mucho. Luego hice otro tipo de lecturas, que no puedo reconocer o no han sido realmente una influencia en mi obra”. —Hoy, ¿qué tipo de libros te interesa leer? “Leo mucho a los escritores norteamericanos, también a mujeres. Me interesa la literatura de los escritores jóvenes”, de EU, que me parecen geniales, como Carver; Richard Ford, estoy terminando de él su novela El periodista deportivo. Son escritores que me están hablando de lo que sucede en el mundo, de lo que sucede con seres humanos como yo, en este momento particular de la historia. A mí lo que más me interesa son las historias humanas, y en estos escritores no hay la intención de hacer juegos de estructuras y lucirse con metáforas, simplemente cuentan qué pasa con los seres humanos”. —¿Cómo nacen los cuentos, o la novela que vas a escribir? ¿Partes de una idea, de un sentimiento o sensación? ¿Cuál es tu actitud frente a la página en blanco, esperas la inspiración o planificas? “No soy una escritora que esté frente a la máquina de escribir todos los días. Soy una escritora muy disciplinada cuando estoy escribiendo algo, entonces sí escribo todos los días, bastantes horas. Pero, pueden pasar semanas o incluso meses sin que yo haga mi propio trabajo. Al principio, como te decía, me angustiaba mucho porque no tenía nada que escribir, hasta que me di cuenta de que las historias me llegaban solas y me topaba con ellas en el momento más inesperado, por ejemplo en el super, eligiendo la fruta. Una vez que me llega esa concepción, empiezo a pensar en qué harían los personajes en x o y circunstancias. Empiezo a convivir con los personajes pero no escribo. Me angustia porque quisiera sentarme a escribir, pero retardo esa acción hasta que ya no puedo más y lo tengo que sacar”. —¿Por qué crees que se da ese retardo en volcar la historia al papel? ¿Por qué necesitas madurarla interiormente o por qué no quieres perder a los personajes que te acompañan? “Quizá por miedo. Porque no sé si me va a salir. También por miedo a la disciplina, siempre tengo ese pretexto de mejor mañana voy a empezar. Eso para mí, a la larga, es más productivo, porque me siento a escribir cuando ya, de verdad, se lo que quiero decir”. —Sólo planificas mentalmente. “Bueno, siempre tengo conmigo una libretita de apuntes, porque me ha pasado que se me ocurrió algo y que luego lo he olvidado. En la libreta voy anotando cosas relacionadas con la escritura que voy a hacer. También me sirve la lectura una vez que ya tengo la historia, si estoy leyendo algo que pueda tener relación con mi novela trato de aprender, de ver cómo ha hecho ese autor para resolver x problema”. —¿Qué tipo de ambiente te gusta para escribir? ¿Cuánto tiempo tienes para escribir? “Yo nada más puedo escribir en mi casa, tengo un pequeño estudio, y ya me acostumbré a que es como mi ambiente natural. No puedo escribir en la oficina, no puedo escribir en un viaje. Sólo en mi estudio, porque ahí tengo todo, mi computadora, cualquier libro a la mano, y los diccionarios. Escribo generalmente en las noches, y si estoy muy metida, pueden ser las dos de la mañana, y sigo hasta que me doy cuenta de que estoy cansada. Y en la mañana, antes de venir a la oficina, releo lo que hice porque me siento más fresca y luego vuelvo a empezar otra vez en la noche”.
Laurini, Miryam, “De escritores y fantasmas (III). Silvia Molina: la escritura, reflejo de la vida”, El Universal, 11 de junio de 1993.
—¿Qué es lo que más valoras de la literatura, que es para ti lo que ella debe reflejar, qué es lo que más te importa al escribir? “A mí, lo que más me importa en la literatura es que sea un reflejo de la vida. Yo, siendo que un escritor puede cambiar la vida de alguien. Tal vez no puedas aprenderle una técnica, pero quizá su escritura te dé una línea de vivir, o te sirva para conocerte mejor, o para resolver problemas de la vida cotidiana. Cuando yo escribo pretendo, acaso algún día lo logre, hacer eso, es decir, retomar elementos de la vida cotidiana. Sobre todo con los que en apariencia no son importantes y pasan desapercibidos, pero que a la larga son detalles que nos van formando. “También me interesa mucho la problemática de las relaciones humanas. Pienso que es muy difícil escribir sobre la felicidad. Sí creo en la felicidad, aunque sé que no es un estado permanente. Me gusta escribir precisamente sobre los personajes cuando están al borde de sí mismos, cómo salen adelante en sus vidas, ellos solos”. —Dada la situación actual del mundo y de la literatura, ¿qué piensas que se va a escribir en estos últimos siete años del milenio, y qué crees o te gustaría que se escribiese? “Siento, la verdad, que la literatura no ha variado ni va a variar. Quizá alguna técnica o innovación pueda surgir, pero la literatura siempre nos ha hablado de lo mismo: del ser humano. A mí me gustan las historias, me gusta que me cuenten historias. Creo que en ese sentido todos somos contadores de historias naturales, los escritores y los no escritores. A mí me encanta cuando alguien me dice: fíjate que fui a tal lugar y etcétera. Y que me cuenta todos los detalles que van armando una historia que forma parte de la vida de un ser humano. “Vivimos actualmente una crisis muy dolorosa en todo el mundo, en América Latina, en Europa... Entonces siento que van a surgir inevitablemente historias que retomen esas experiencias horribles que está viviendo la gente. Yo quisiera seguir leyendo historias que me dejaran algo”. —Podríamos decir que tú prefieres una buena historia a una estructura bellamente armada pero que no dice nada. “Bueno, mira, soy una asidua lectora de poesía, admiro mucho a los poetas porque ellos pueden sintetizar en una sola imagen cosas para las que yo necesito un capítulo. Nunca pude tener ese poder de síntesis. Tampoco soy buena para armar metáforas o imágenes complicadas, mi literatura está marcada porque es muy sencilla. Tal vez es un reflejo de mi personalidad. Soy como soy. Desde luego, la poesía, cuando está bien escrita, me parece maravillosa. Y una buena historia cuando está bien contada también me gusta muchísimo”. —¿Cuáles son tus poetas preferidos? “Mira, mi poeta favorito es Jaime Sabines, me lo sé de memoria. Me gusta porque con una extrema sencillez puede decir muchísimas cosas. Es un poeta que está muy cerca de la sensibilidad de todo el mundo. No necesitas ningún tipo de preparación para que te llegue. Es un poeta muy fácil, aunque, como te decía, escribir esos poemas es muchísimo más difícil que escribir metáforas rebuscadas que suenan muy bien y nada más”. —Tú has escrito cuentos y novelas. El cuento, por la síntesis de la historia, está más cerca de la poesía. ¿Cómo vives tú la experiencia de escribir cuento y novela? “Son experiencias muy distintas. Por ejemplo, en un cuento no puedes estar jugando, tienes que estar ahí, en lo que estás. La escritura se vuelve más complicada, a veces te sale algo muy bonito pero que no viene al caso, y lo tienes que quitar. En cambio, en la novela puedes meter todo lo que quieras, si lo sabes meter por supuesto. Puedes describir un bosque, paisajes, un lugar, que pueden no ser indispensables para la acción, sólo creas una atmósfera y esto no importa mucho, puede estar o no estar. En cambio, en el cuento sí, importan mucho todos los elementos que aparecen y a los que les das peso porque tienen una resolución inmediata”. —¿Te gusta más escribir cuento o novela? “Siento que en mis cuentos hay más invención. Soy una escritora que no inventa mucho. Es decir puedo transformar la realidad y eso me sale muy bien, es lo que te comentaba que le aprendí a Jean Rhys, a ser una gran mentirosa, y hasta he logrado inventarme a mí misma a través de los personales. Eso lo hago en la novela. En el cuento siento que mi imaginación trabaja más, soy capaz de inventar cosas que realmente no vienen de mi experiencia directa, ni de las de otras personas cercanas. Puedo tomar un momento de la vida y especular sobre infinitas situaciones. Sin duda soy más imaginativa en los cuentos que en las novelas”.
Laurini, Miryam, “De escritores y fantasmas (IV). Silvia Molina: la escritura, reflejo de la vida”, El Universal, 12 de junio de 1993.
—¿Cómo vez el panorama de la literatura mexicana actual? “Como muy rico. Creo que la literatura mexicana nunca ha tenido un panorama triste o pobre. Siento que ahora, con esta cantidad de talleres y de facilidades para publicar, en México hay más escritores que antes. No te digo que todos sean geniales pero sí creo que dentro de los escritores contemporáneos, pues ya hay muchos que pueden trascender”. —¿Cómo te ubicas tú dentro de la literatura mexicana actual? “Eso está difícil que te lo responda. Está un poco complicado porque nunca me he puesto a pensar en eso. Para mí es más fácil ubicarme dentro de una generación. Siempre que me he mantenido muy independiente. No me gustan mucho los grupos, y me mantengo, como muchos de mi generación, escribiendo por mi lado. Hay algo que nos une a algunos escritores, y es que hemos trabajado con la historia de una manera o de otra”. “En mis novelas Ascensión Tun, La familia vino del norte y también en Imagen de Héctor, hay un trasfondo histórico. Me gusta explicar la historia como es, porque cuando estudiábamos, la historia era muy estricta, todo era tabú, y tal vez por eso nos interesó ver cual era la historia que no nos habían contado. “Incluso nos han encasillado en una cosa que se llama nuevo realismo de la literatura mexicana. No nos interesa hacer novela en sí, sino utilizar a la historia como un marco para contar la otra historia. Y, finalmente, en mi caso particular, todo mi trabajo me lleva a comprenderme mejor a mí misma. Me doy cuenta cuando estoy escribiendo o describiendo algún personaje o leyendo a otros escritores que todo lo llevo a mi molino, a tratar de entenderme a mí misma como ser humano”. —¿Cómo te identificas con las otras escritoras mexicanas? ¿Eres feminista? “No soy feminista y no tengo nada en contra de las feministas, incluso hasta tengo remordimientos de conciencia por no pertenecer a un grupo de mujeres que pueda apoyar a otras mujeres. Salir en la defensa de mujeres que no pueden hacerlo solas, y que pueden ser desde las obreras hasta otras que están en la cárcel y no lo merecen, o a la que se acaba de divorciar. “Yo creo en la pareja, y además creo en la posibilidad de la igualdad. Claro esa es mi experiencia personal, si yo hubiera vivido una experiencia distinta tal vez estaría con la bandera del feminismo en el primer lugar. “No me interesa en mi literatura reivindicar a la mujer, decir que la mujer es lo máximo, sino mostrar la realidad de la mujer como ser humano. Por ejemplo qué pasa cuando se entera que el marido le pone los cuernos. En todos mis cuentos y en mis novelas las narradoras son mujeres”. —Pasando a otro tema dentro del gran tema, ¿cuáles son tus tres libros mexicanos preferidos y tus tres libros preferidos de la literatura universal? “¿Mexicanos?... Los recuerdos del porvenir, de Elena Garro; Pedro Páramo, de Juan Rulfo y la obra completa de Jaime Sabines. De la literatura universal... Ulises, de James Joyce; Madame Bovary, de Flaubert y cualquier cosa de Dostoyevski”. —¿A qué escritor mexicano premiarías por su obra? “Premiaría a Vicente Leñero. Es un escritor que me parece muy interesante, que ha abordado muchos de lo géneros de la literatura. Tiene novelas que me parecen sensacionales, y por toda su trayectoria dentro del teatro y por su labor periodística, lo premiaría a él. Además, es un escritor muy generoso”. —¿A qué escritor, que no lo ha recibido, le darías el Nobel? “¡Híjole!.. Mira, es que yo siento que el Nobel es un premio que tiene que ver mucho con la política. Desde luego los escritores que lo han recibido tienen muchos elementos para haberlo recibido, pero cuenta tanto la política... En fin, si no se lo han dado ya, se lo daría a Marguerite Duras y a Jean Rhys”. —Ahora hablemos de tu obra. ¿Qué opinas, en general, sobre tu obra? “Mira, en general o muy en particular te diría que todavía no he escrito lo que yo hubiera querido escribir. Soy una escritora de alguna manera prolífica porque empecé a escribir en 1976, aunque publiqué en 77, y de ahí para acá tengo varios libros. Soy una escritora lenta, si me hubiera dedicado a escribir todos los días cualquier cosa tendría muchísimos más libros. De hecho he tratado de hacer mi trabajo lo más honestamente posible, le he echado todas las ganas a cada uno de mis cuentos y a cada una de mis novelas, pero no siento que tenga una obra o el libro que yo dijera: este sí me salió muy bien”.
Laurini, Miryam, “De escritores y fantasmas (V y último). Silvia Molina: la escritura, reflejo de la vida”, El Universal, 13 de junio de 1993.
—Me decías que sientes que aún no tienes una obra o el libro que te satisfaga plenamente. Sin embargo, eres una escritora querida, respetada y leída. ¿Qué pasa contigo? “Bueno, en general, soy una escritora respetada por mis lectores. Sin darme cuenta me he hecho de una cantidad de lectores que leen cada uno de mis libros, no soy un betseller, pero mis libros se están reeditando constantemente. Por darte un ejemplo: La familia vino del norte tiene nueve ediciones. Para no ser una escritora promocionada, eso me da un reflejo de que tengo lectores. “Soy una persona respetada dentro del medio porque soy seria y nadie puede decir que mi compromiso con la literatura no sea un compromiso serio. No me interesa la promoción sino hacer un buen trabajo. Quiero a mi trabajo, es algo muy importante en mi vida”. —Qué te parece si hablamos de Imagen de Héctor, que es mi preferida. “Si tú quieres. Imagen de Héctor es una búsqueda de mi padre”. —¿Es verdad que él murió cuando tenías un año y que fue una figura pública? “Sí, es real que mi padre fue una figura pública, que fue político, historiador, que perteneció a un grupo de intelectuales de izquierda y que yo me cambié el apellido porque no quería ser la hija de. Lo que pasa es que yo no lo conocí y todo el mundo me hablaba muy bien de mi papá, que fue un gran político, un hombre honesto, el mejor intelectual y mi mamá decía ‘el mejor marido del mundo’. Entonces empecé a reflexionar y me di cuenta de que mi papá no podía ser el ser perfecto, porque no hay seres perfectos en este mundo. Anduve arrastrando eso mucho tiempo: la falta del padre y la ‘mitificación del padre’. “Quise acercarme a él de varias maneras. Me quedé con todos sus papeles personales, con su biblioteca. Traté de hacer mi tesis sobre dos libros de mi papá, lo dejé porque me decía: me gustan, porque son de mi papá. Recopilé todo su periodismo. Estaba muy cerca y muy lejos de mí. Traté de acercarme a él con Imagen de Héctor, que es una novela y no una biografía, porque inventé a los personajes que necesitaba literariamente. No traiciono ni invento nada en las acciones de Héctor, tanto en su vida particular como en su vida pública, ahí sí fui fiel a la historia personal de Héctor”. —¿Cómo te sentías cuando estabas escribiendo Imagen de Héctor? “Tuve una sensación muy extraña y en alguna línea lo puse, porque Héctor es Héctor y no mi papá. Es como si yo hubiera estado escribiendo un libro sobre Rulfo, que tiene una vida independiente de la mía, y así lo siento con Héctor porque no tuve experiencia de hija con él. A veces yo sentía mucho coraje contra él, porque pudo pensar que estaba condenado y que si seguía ese tren de vida se iba a morir, y él eligió la política, y si le hubiera parado yo lo habría conocido. Lo que siento que gané de Héctor es el conocimiento de su pensamiento”. —¿Quieres agregar algo más sobre Imagen de Héctor? “No. Ya hablamos demasiado”. —Te vas a EU a la presentación de tu libro La mañana debe seguir gris. ¿Cómo te sientes? “Muy contenta. Me quedé muy sorprendida cuando el editor me escribió diciéndome que había comprado la novela en México y que la quería publicar. Le dije que sí y le pedí una muestra de la traducción. Me gustó mucho lo que me mandó. Me ha conmovido la fe que este editor, John Copland, le tiene a mi libro. Ojalá me vaya bien”. —Ojalá. Silvia. Tú, como editora, acabas de presentar una nueva colección, Osa Mayor. Dime algo sobre ella. “Es una colección que yo estaba pensando desde hace mucho tiempo, pero no me animaba porque soy una editora muy pequeñita y con pocos recursos. Empecé a conocer a escritores latinoamericanos, que no eran los grandes conocidos, cuyo trabajo se me hacía muy interesante, y como ya casi no se publica literatura latinoamericana en México y creo que nos estamos perdiendo mucho, pues inventé esta colección. Empecé con pocos, ya publiqué Solfeo, un libro de cuentos de un escritor argentino. También voy a publicar a un venezolano y retomé la reedición de algunos mexicanos. La Osa Mayor es una colección cuyo sentido radica en reivindicar a los escritores latinoamericanos y también a los españoles”. —No te quito más tiempo y va la última: ¿Qué pregunta le harías y a qué escritor de toda la literatura universal? “Le preguntaría a Flaubert si no le hubiera gustado escribir una versión de Madame Bovary desde el punto de vista del marido”. |