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Mi familia y la Bella Durmiente cien años después El cuento favorito de María es La Bella Durmiente, y el tío |
| Entrevista a Silvia Molina |
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Por: Mara L. García
En Red Escolar
Silvia Molina es una de las escritoras mexicanas con obra más difundida en México y en el extranjero. Nació en la ciudad de México el 11 de octubre de 1946. Su verdadero nombre es Silvia Pérez; después de la publicación de su primera novela La mañana debe seguir gris (1977) optó por el seudónimo de Silvia Molina. Estudió Antropología en la ENAH, también es licenciada en Literatura Hispánica por la UNAM. Creció en un ambiente muy conservador. Su madre quedó viuda cuando ella era muy pequeña. Sus tías le colmaron de mucho cariño. Cuando estuvo cursando la secundaria, una de sus tías que era diplomática la lleva a vivir a Francia con ella. En este país Silvia Molina se familiariza con el ambiente del arte. Más adelante la misma tía la lleva a vivir a Londres. Participó en un taller literario donde tuvo como maestros a Elena Poniatowska y a Hugo Hiriart. Ganó el premio Xavier Villarrutia en 1977 y el premio Bellas Artes de Literatura Infantil Juan de la Cabada en 1992. Para Silvia Molina el acto de escribir no es una tarea sencilla y cada obra que da a luz requiere de una profunda investigación. Su producción literaria es prolífica. Entre sus obras principales se cuentan: La mañana debe seguir gris (1977), La familia vino del norte (1987), Un hombre cerca (1992), Imágen de Hector (1990), Asunción Tun (1993) etc.
¿Cómo fue tu infancia y tu ambiente familiar? Mi infancia no fue muy feliz, mi madre se quedó viuda muy jovencita; con cinco hijos, después de haber vivido una vida de ensueño. Era esposa de un político mexicano. Tu sabes como vivían los políticos mexicanos, aunque no debería de decírtelo porque no me lo vas a creer. Mi padre fue un agente distinto en el ambiente porque era un intelectual de izquierda, y cuando él murió no le dejó dinero a mi mamá. Eso fue lo que hizo que mi mamá, después de haber llevado una vida bien, se enfrentó con que no tenía dinero y tenía que sacar a cinco hijos adelante. Mi mamá tenía muchas hermanas, entonces, teníamos como muchas mamás. Las tías nos regañaban igual, en ese ambiente crecí yo, la hija más chica. Era la consentida de mis hermanos. Me crié en un ambiente muy de mujeres, muy conservador, y muy triste para todas porque a mi mamá la depresión de la muerte de mi papá nunca se le quitó.
¿Leías mucho cuando eras niña?
Realmente no, yo fui una lectora que empecé a leer en la secundaria. Creo que en tercero de secundaria, o si no, comenzado la preparatoria. Además fui una niña muy insegura. Yo no sé como fui pasando todos los años en la escuela. Comencé leyendo a los escritores de la Onda.
¿Cuáles escritores de la Onda fueron tus favoritos?
Gustavo Sáinz con su obra Gazapo, que me parece su mejor novela y José Agustín. Realmente primero leí todo lo de José Agustín, y de ahí después fui pasando a otros escritores de la Onda, y estaba en capacidad de entenderles y de disfrutarlos porque hablaban del México que yo vivía en esa época; y de gente más o menos de mi edad porque José Agustín no es mucho mayor que yo.
¿Como te iniciaste en tu trayectoria como escritora?
Después de leer a José Agustín hice mi primera novela, fue como un impulso. Luego estudié Antropología, y más tarde me casé. Alguien me dijo de un taller en que daba clases José Agustín, y claro que lo que yo quería era inmediatamente irme al taller de José Agustín porque yo había comenzado a leer gracias a él. Llegué al taller que dirigía Elena Poniatowska junto con Hugo Hiriart, hombre muy culto, muy sensible, sencillo, y que tenía todas las lecturas del mundo. Con Elena más bien lo que hacíamos era revisar la escritura, pero con Hugo leíamos los textos. La manera de leer con Hugo fue mucho más importante que lo que yo podía hacer tratando de cubrir la escritura. Yo creo que era fundamental que tuviera alguna especie de alimento antes de poder escribir.
¿Es Silvia Molina un seudónimo?
En realidad sí. Mi apellido de soltera es otro pero cuando iba a publicar mi primera novela, mi papá, como te dije, fue un hombre conocido no solamente en el medio político sino en el intelectual. Entonces pensaba que todo el mundo iba a decir que soy hija de fulano de tal. Decidí usar el apellido de Claudio, mi marido. Todos decían que no era nada feminista, por un lado, y que iba a pasar si me divorciaba. Yo les dije que no era una cosa feminista, pero la verdad me parece un apellido bonito y estoy muy orgullosa de llevar el apellido de mi marido. Si me divorcio, pues ni modo.
¿Desde cuando escribes?
La primera novela que se me publicó fue La mañana debe seguir gris en 1977 con la cual obtuve el premio Xavier Villaurrutia.
¿Cómo te sentiste después de ganar el premio Xavier Villaurrutia?
Me sentí muy insegura. No esperaba ganar ningún premio; era mi primera novela y nadie me conocía en el ambiente. El día que me hablaron para decirme que había sacado el premio pensé que era una broma y colgué el teléfono. Después hablé a Hugo y le dije que era un sangrón y me preguntó ¿por qué? --Le dije ¿cómo que me saqué el premio?, y él me dijo que esas bromas sólo las hacía el señor que daba el premio. Yo tenía miedo porque esa novela la había escrito de una manera muy espontánea, muy irresponsable. Realmente porque era mi primera novela y yo no tenía ningún fundamento literario de ninguna especie. Había sido muy mala lectora. Yo decía van a estar esperando mi siguiente libro y van a decir, ven como que no se merecía el premio, y que de casualidad me lo había ganado. Eso hizo que yo me metiera a la universidad a la carrera de letras porque decía por lo menos tendré las lecturas que por obligación cualquier estudiante de literatura debería de tener, y cuando más una escritora. Me sentí un poco agobiada por el peso del premio, y me costó. Tuve mucha autocrítica después del premio.
¿Escribiste algo antes de La mañana debe seguir gris?
Sí, una novela que escribí después de leer a José Agustín. La rompí.
¿Qué representa el acto de la escritura para ti y como elaboras tu obra?
El acto de la escritura es algo esencial en todos los escritores, pero yo siento que cuando el escritor no ejerce su vocación se frusta. Escribir es muy difícil. Cuando leo que algunos escritores dicen que escribir es muy alegre y muy fácil, yo digo, pues que bueno que para ellos es así. Creo que para muchos escritores incluyéndome yo, el acto de la escritura es sumamente complicado, se sufre muchísimo. Es un gran esfuerzo pero en la medida en que tú estás resolviendo el problema de la escritura estás realmente realizándote. Entonces en esa medida ya si tú cumples con ese acto o con el sufrimiento de ese acto, ya puedes gozar de tu familia de tu ciudad, y naturaleza, mientras no tengas resuelto ese problema no puedes realmente disfrutar nada de lo que te rodea; es terrible.
¿En una ocasión tu mencionaste que cuando escribías cuentos te llevaba más o menos seis o siete versiones. ¿Cómo es con la novela?
Con la novela yo creo que es peor, porque los cuentos como son cortos como quiera que sea se revisan. Ahora estoy tratando de terminar una novela y creo que si tengo unas quince o dieséis versiones de la novela es poco. Especialmente ahora con la ventaja de la computadora, que no es rehacer exactamente cada palabra, sino que, cada reelectura del texto te permite la re-escritura del texto con mayor facilidad. A veces se vuelve un problema porque puedes hasta acabar un texto de tanta revisión.
¿Tienes el título de tu novela que estás escribiendo o tus títulos aparecen una vez terminado el texto?
Yo busco el título después, me cuesta mucho trabajo encontrar un título. Para mis textos, lo primero que tengo es la idea de lo que quiero hacer. Luego, me toma mucho tiempo tratar de madurar la idea y poner en orden lo que tengo dentro.
¿Cuál de los géneros que practicas es tu favorito? Y ¿Por qué?
Me gusta más la novela. El cuento y el ensayo son muy rigurosos no es que no me guste la disciplina o que no sea rigurosa en la novela, pero la literatura es un juego y como todo juego tiene sus reglas. El juego de la novela te permite divertirte todavía más porque no es tan rígida. En una novela puedes divagar y no pasa nada; en un cuento no puedes divagar porque prácticamente todo lo que aparece en un cuento es indispensable para el cuento. En la novela se permite más el juego.
¿Cómo creas a tus protagonistas femeninos dentro de tu obra? ¿Nacen al azar o se basan en personas reales?
Yo creo que todos los protagonistas femeninos en mi literatura para empezar tienen algo de mí, y luego mucho de lo que he observado en otras mujeres. Casi todos mis textos están escritos en primera persona, y yo creo que precisamente por eso, porque para mí es más fácil tratar de entenderme, no expresarme como soy porque quien sabe como seré. Tratar de comprender por qué somos las mujeres como somos. Como parte de mi propia experiencia puedo transformarla en algo distinto aunque no sé exactamente quién esté en mis cosas.
¿Podrías hablarnos sobre la narradora principal de tu novela La familia vino del norte?
Cuando empecé la novela no encontraba el tono para escribirla. Básicamente, lo que yo tenía, era la historia. El abuelo, que en la novela es el hombre que había luchado en la Revolución mexicana, y que había entrado en la Revolución mexicana con la bandera de no-reelección. Al final de su vida o después de que había hecho ya la Revolución, su jefe de toda la vida pretende reelegirse. En este caso era Alvaro Obregón, y que el protagonista no entendía por qué se habían ido a hacer la Revolución. El que los había llevado a hacer la Revolución hacía lo mismo que los que habían combatido. También había estado encerrado por un año en un sótano porque su vida corría peligro por oponerse a la lucha. Esa historia era la historia de un hermano de mi mamá que yo no entendía mucho. Tuve que hacer mucha investigación porque yo oía mucho la anécdota de que el tío había estado encerrado en un sótano pero ni siquiera sabía ¿por qué? Poco a poco cuando fui sabiendo la razón, me pareció una cosa interesante. Este interés aumentó en la medida en que yo investigaba para ver quien era este señor y ¿por qué se había escondido? ¿En qué fracción de la Revolución había peleado? etc. No sabía como contar la historia, en primer lugar, porque era una novela de corte histórico y yo no quería que fuera una novela en los modelos simonónicos. Entonces me daba miedo cuando me preguntaban que estaba haciendo, y yo respondía una novela histórica. Yo pensaba que horror, van a decir que flojera, van a decir que es algo aburrido. Me costó mucho trabajo dar con el tono, y la elaboré en tercera persona. La hice desde el punto de vista del abuelo, hasta que en una reunión alguien me dijo, hay fijate lo que le paso a mi abuelo y me conto una historia interesante del abuelo. Después de esto, yo dije, ese debe de ser el tono de mi novela, y decidí que la que contara la historia fuera la nieta. La nieta tiene mucho de mí, pero también mucho de muchas mujeres que he conocido. No tuve un abuelo así, ni siquiera estuve cerca del tío hermano de mi madre. Yo siento que la protagonista tiene muchas cosas que tienen otros personajes en la literatura. No es una cosa que yo haga obsesivamente o conscientemente, pero casi todos mis personajes andan en busca de su identidad. Pienso que es una cosa que yo no he resuelto en psicoanálisis, o lo que sea. Aunque no me lo propongo mis personajes de pronto salen otra vez con esa problemática.
Existe alguna relación entre Teodoro y Dorotea. Noto que Ambos personajes tienen muchas semejanzas. Lo que me parece interesante es que el abuelo está encerrado en un sótano por mucho tiempo, y al final de la novela, Dorotea hace referencia al sótano también. ¿Qué representa el sótano en la novela?
Para mí, los dos personajes son como uno solo porque la historia que cuenta el abuelo la cuenta la nieta Dorotea; por eso llega ahí un juego incluso de palabras. O sea que son como un mismo personaje cuya finalidad es contar la historia completa, y el sótano es como el símbolo, no precisamente del castigo sino del espacio para la reflexión.
Tal vez la búsqueda de un espacio propio para reflexionar y separarse del mundo inhóspito que tiene a su alrededor.
Exactamente.
Noto que en la novela hay muchos narradores que contribuyen para armar la historia. Parece un rompecabezas que Dorotea trata de armar mientras la obra va naciendo ante los ojos de los lectores. ¿Qué piensas tú?
Sí hay un poco de intención de hacer eso, sobre todo quise darle, no sé si lo sientas, un poco de la literatura policiaca con un poco de suspenso, y no poder encontrar la justificación de que el lector quisiera seguir adelante si no dejaba yo algo por saber o por construir. Como que cada uno de los personajes aportaba algo para el conocimiento de la historia.
y también el lector.
Es lo que espera el escritor que el lector ponga algo de su parte.
¿Podrías hablarnos sobre los personajes femeninos tía, madre y la narradora en La mañana debe seguir gris?
La tía que aparece en La mañana debe seguir gris es la tía con la cual me fui a Francia, y con la cual yo viví en Inglaterra. La novela es bastante autobiográfica, y te digo bastante, porque no es completamente autobiográfica. En realidad la historia que yo viví, no pasó así. En la literatura, algunas veces, tienes que exagerar. Cuando cambias es decir tú tienes el modelo de un personaje en la realidad, pero a la hora de hacer la literatura, ese personaje ya no tiene nada que ver con el modelo. Entonces ese personaje está basado en la tía de la vida real, aunque en la vida real la pobre no fue así, porque la hice una brujita. El personaje de la narradora no tiene un nombre en la novela. No se llama Silvia pero de alguna manera tiene esto que te acabo de decir que tienen casi todos mis personajes femeninos; esa ansia, deseo, o necesidad de encontrarse, de buscar su propia identidad. Creo que lo que me ayudó, por ejemplo, a la construcción de la novela para la reflexión de la narradora principal es la distancia que tiene con su madre, familia, o con su casa o país. Si esa novela hubiera sucedido en la ciudad de México, donde los personajes hubieran estado, quien sabe que hubiera sido. Siento que lo que le da un poco de tensión a la historia, que justifica esa historia de amor; que es una historia de amor como cualquier otra, es que el personaje está alejado de sus orígenes, país, casa, familia de su sociedad, etc.
¿La narradora es un personaje rebelde que quiere independizarse?
Si, para quitarte de los moldes que te han impuesto desde que naces no es fácil. También Dorotea en La familia vino del norte es un personaje rebelde, todas esas mujeres tienen eso. Por ejemplo Dorotea quiere salir y explorar.
El final de La mañana debe seguir gris, es abierto y desconcertante ¿Cómo lo elaboraste?
Cuando yo estaba haciendo esa novela, me acuerdo que le decía a Elena Poniatowska que me preocupaba mucho el final. Ella me decía, pero ¿por qué te preocupa tanto? y yo le respondía me preocupaba mucho. Es que todo el mundo sabía lo que iba a pasar con el personaje José Carlos Becerra. El tiene un nombre propio, o sea todos sabían que el personaje se iba a morir. No era algo que el escritor podía ocultar por eso me adelanté al lector, que incluso ya sabía el final de la novela.
Realmente el final me gustó mucho. A pesar que se sabía que José iba a morir, la forma cómo elaboraste el desenlace le da mucho valor a la novela.
Contándolo al principio, me preocupaba. Me inquietaba cómo iba a ser ese final realmente y si creo haber logrado cuando menos un remate de la novela categórico, no cursi, no sentimental, no romántico, no blando.
Silvia, algunos investigadores de la literatura de escritoras mencionan que la recreación de los espacios femeninos y la búsqueda de ciertos espacios propios soncaracterísticas propias de la escritoras. ¿Qué Piensas tú al respecto?
Yo pienso que durante muchísimos años cuando los hombres escribieron, escribían igual de su intimidad y de sus espacios, pero todo el mundo estaba muy acostumbrado a ver eso. Nadie se preguntaba por qué el escritor hablaba de sus propios espacios de su propia problemática. Estábamos acostumbrados a una voz masculina y cuando de pronto surge esta voz femenina, como algo distinto a lo que había a la norma, se empieza a ver y a observar como lo distinto, lo que singulariza de lo otro. Yo creo que es algo muy natural para un escritor cuando es hombre o es mujer expresar lo que conoce. También creo que es muy natural cuando un escritor escribe desde el punto de vista de una mujer, o con la voz de una mujer. Tenemos excelentes novelas de la literatura universal escritas por hombres cuyos protagonistas principales y universales son mujeres. Entonces yo no lo veo ni bien, ni mal, ni nada digo. Nadie hace un estudio ahora, como están de moda los estudio de género, y digo voy analizar una novela de García Ponce desde el punto de vista masculino y los espacios masculinos. Durante años leímos a todos los escritores hablar en primera persona de su problemática y de su propio entorno y todo lo tomábamos como muy natural.
Ultimamente ha habido una proliferación de escritoras mexicanas. ¿Es un momento propicio para que las mujeres escritoras surjan en México?
Sí, bueno desde hace mucho tiempo. Hay muchas escritoras, y muy buenas escritoras de generaciones anteriores, y posteriores a mí, yo creo que floreció mucho la escritura de mujeres desde los 60's. Con la proliferación de los talleres literarios. Son bastantes las escritoras que nos han representado a nivel internacional.
¿Crees que se les pública más a las mujeres que a los hombres?
Pues sí, la verdad. Afortunadamente no he tenido problemas para publicar. Ahora quizás también haya cierta ventaja de las mujeres sobre los hombres porque todos quieren literatura femenina; han visto que el mercado es muy bueno.
¿En qué proyectos literarios estás trabajando?
Bueno, estoy terminado una novela, que te dije que estoy haciendo. La debo de finalizar en este año. Yo creo que en unos meses, porque para empezar tengo el compromiso. Soy parte del Sistema Nacional de Creadores y tengo una beca. La beca se termina este año, entonces tengo que entregar mi novela. No tengo otro plan, realmente, más que terminar la novela. Este año también publiqué una obra de teatro y un libro de cuentos para niños.
¿En tus obras dejas algún mensaje a los niños y jóvenes que leen tus textos?
Cuando escribo nunca, como narradora lo que me interesa es contar historias pero nunca tengo la intención a través de los textos de decir otra cosa que no estén allí, ninguna intención moral.
Muchísimas Gracias Silvia por permitirme esta entrevista. Te deseamos mucho éxito y esperamos muchas publicaciones tuyas.
* Entrevista el 24 de mayo de 1997
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