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Mi familia y la Bella Durmiente cien años después El cuento favorito de María es La Bella Durmiente, y el tío |
| Lozano, María del Socorro: Lídes de estaño |
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Lozano, María del Socorro La Jornada 26 enero de 1985. “Lides de estaño”
Desde el momento en que leemos el título del libro de Silvia Molina, Lides de estaño, experimentamos no una simple curiosidad por comprender lo que en él se encierra, sino una verdadera necesidad. Sabemos que la palabra lid tiene como sinónimos combate, disputa, pelea; que además existe el verbo lidiar; y todavía más, que hay toros de lidia. Sin embargo, no podemos dejar de pensar que se puede combatir, disputar y hasta pelear en buena lid, es decir, por contradictorio que parezca, por buenos medios, en armonía, buscando la reconciliación. Por su parte, estaño necesita de una breve explicación, es un metal blanco, relativamente ligero y muy maleable. Sirve para preservar el cobre de la oxidación y reducido a hojas se emplea en la fabricación de espejos. En su denotación, estamos ante dos términos que aislados nada nos dice, pero que juntos y cavilando en sus connotaciones vislumbramos panoramas multifacéticos que nos transportan al mundo de los recuerdos, de las vivencias pasadas —personales o ajenas—que se van representando a través de la escritura. Combates de estaño, de antaño. Recuerdos de antaño que como cobre hay que recubrir de estaño para impedir que se oxiden. Reconciliaciones vitales con esa imagen que el estaño-espejo no fue capaz más que de preservar por momentos. Espejo que refleja recuerdos renegridos, cobres oxidados por la falta de estaño. Vivencias en las que lidiamos cotidianamente porque buscamos comprendernos. Lides de estaño es todo eso y más. Son los recuerdos, las frustraciones, las fantasías que permiten enfrentar, desde las perspectivas de la infancia, el mundo no siempre comprensible de los adultos. Armas a las que alguna vez recurrimos para defendernos de ese adulto que muy pronto olvidó que también fue niño. Bajo una prosa clara, sencilla, transparente, se oculta la complejidad de las relaciones humanas y el replanteamiento de las mismas. Complejidad que se hace evidente al reconocer en los diferentes relatos que estructuran el libro, un desahogo de recuerdos, a veces más precisos, a veces más difusos; una recuperación de vivencias que se van delineando desde la visión de la mujer madura que ha sabido lidiar y reconciliarse con el transcurrir del tiempo. En Lides de estaño, Silvia Molina ha sabido ser generosa. Comparte, además de una serie de imágenes en las que no podemos más que reconocer algo de nosotros mismos, una escritura placentera; una escritura en la que se palpa un sabor agradable. Recreación de vivencias que como flores efímeras conforman ese jardín del recuerdo al que todos buscamos regresar algún día. Jardín enigmático, porque en él podemos encontrar las raíces de nuestro presente, los asideros que pueden permitirnos comprender el eterno combate con el óxido del tiempo. |


