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Mi familia y la Bella Durmiente cien años después El cuento favorito de María es La Bella Durmiente, y el tío |
| Ramírez, Fermín: Imagen de Héctor es la búsqueda de mi padre |
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Ramírez, Fermín “Imagen de Héctor es la búsqueda de mi padre: Silvia Molina Uno más uno, sec. Ciencia, cultura y espectáculos, 19 de marzo de 1991, p. 6 Recientemente apareció la novela en que la escritora hace una semblanza de su progenitor
Imagen de nadie a Imagen de Héctor. Silvia Molina explica en entrevista que intentó construir en su novela Imagen de Héctor, recientemente publicada por la editorial Cal y Arena, la fisonomía intelectual y humana de su padre Héctor Pérez Martínez, fallecido cuando tenía un año de edad, y cuyas referencias documentales y testimoniales buscó desde las amarillentas hojas de periódicos hacinados en la hemeroteca, hasta la sombra de los árboles del parque Pérez Martinez de Campeche. Un libro escrito por él fue punto nodal en esa búsqueda que sirvió como base para titular su propio libro: Imagen de nadie. Intelectual de izquierda en los años 30 y 40, Héctor Pérez Martínez nació en 1908 en Campeche y fue gobernador de ese estado de 1939 a 1943 2, entre los sexenios de Lázaro Cárdenas y Manuel Ávila Camacho. Durante el periodo presidencial del segundo ocupó el cargo de secretario de Gobernación. Autor de libros como Juárez el impasible, Cuauhtémoc: vida y muerte de una cultura, sostuvo un acendrado nacionalismo y polemizó con el polígrafo regiomontano a Alfonso Reyes respecto al nacionalismo y el cosmopolitismo. Silvia Molina detalla los reflejos de esas aristas múltiples que arroja la imagen poliédrica de su progenitor, que la llevaron a escribir Imagen de Héctor: “El tema del libro es la búsqueda del padre. A todos nos afecta de una manera u otra la muerte de un ser de la familia, un hermano, una hermana, la madre o el padre: a mí me tocó no conocer a mi papá, porque tenía un año de edad cuando él murió. La muerte, lo mismo que una distancia o una ausencia, mitifica a una persona; entonces yo crecí con una visión un tanto crítica de mi padre. En esa situación, lo mismo que muchas personas que no saben siquiera quién fue su padre, a lo largo de toda la vida tienes esa angustia y preocupación por dar con él, sobre todo para saber quién eres tú. Así, lo que está presente, además, en mi novela es la búsqueda de mi propia identidad”. —Finalmente, ¿llegaste a encontrar a tu padre? —No sé verdaderamente si llegué a encontrarlo, pero sí llegué a conocerlo: no es lo mismo. Es como cuando se hace la biografía de un personaje de la historia de México o de la literatura: de alguna manera se le puede conocer y seguir sus pasos dentro de una cierta trayectoria histórica o literaria, pero el hecho de no conocer a ese personaje va a ser una sombra constante, porque el que conozcas su obra no te da acceso a su intimidad. Ante la imposibilidad de conocer la intimidad del hombre, Silvia siguió la pista de su pensamiento vertido en libros. “Uno de ellos, Imagen de nadie, de donde derivó el titulo de mi novela, fue fundamental para mi acercamiento a él, en ese libro trato en realidad de hacer su propio retrato. En Imagen de Héctor yo trato de completar su retrato a partir de la lectura de su obras”. —¿Qué aspectos encontraste en las obras y en la vida de tu padre? —Algunos que para mí fueron difíciles de conciliar durante algún tiempo. Por ejemplo, que fuera un intelectual de izquierda en los años 30 y 40 y que luego fuera secretario de Gobernación. Él era originario del estado de Campeche y salió de ahí para estudiar en la ciudad de México. Siendo adolescente tenía ya un modelo de campechano a seguir: Justo Sierra, el campechano distinguido, el maestro. En ese tiempo los intelectuales formaban parte también de la vida política; por ejemplo, Vasconcelos, Reyes Heroles y Torres Bodet, gente con formación intelectual sólida que llegó a ocupar cargos importantes. Ese aspecto era dominante en su tiempo. “También le tocó vivir la polémica entre nacionalistas y cosmopolitas: él formaba parte de los primeros y era claro que por eso estuvieran presentes en su obra Juárez y Cuauhtémoc, los forjadores de una nación, desde ese punto de vista. Al polemizar al respecto con Alfonso Reyes, le envió su novelita Imagen de nadie como regalo, diciéndole que era un ejemplar de 500 de los que formaron la edición, la mayoría de los que él mismo rompió, habiendo salvado sólo unos cuantos. Reyes le contestó afirmando que su libro era universal porque, entre otras cosas, empezaba con una cita de Apollinaire: en realidad toda la teoría nacionalista de mi padre no encajaba en la novela.” A pesar de la investigación a fondo acerca de su padre, Silvia Molina reconoce la imposibilidad de la coincidencia máxima con el hombre: “como padre nunca lo voy a encontrar, porque no lo viví: ese es un problema que no quedará resuelto. Por eso traté de crear en el libro cierta distancia; en vez de utilizar la primera persona, como he hecho normalmente en otros libros, elegí la tercera: me ubico como la hija menor del personaje Héctor, que finalmente no es mi padre, sino eso: un personaje que anduve rondando, cercando tanto en los testimonios de mi madre y hermanos, como en la política y sus textos”. Así recorrió Silvia Molina la superficie de múltiples espejos hasta llegar a la superficie bruñida de su Imagen de Héctor. |


