“Novela de Silvia
Molina”, Excélsior, 9 de octubre de 1987.
La autora de “La familia vino del
norte” funde la historia particular de sus personajes con la gran historia
nacional, específicamente se sitúa en el régimen callista, deteniéndose en el
movimiento serranista al igual que lo hizo Martín Luis Guzmán en “La sombra del
caudillo”.
Aline Pettersson, David Martín del
Campo y Alejandro Toledo se dieron cita en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio
de Bellas Artes para presentar la tercera novela de Molina que, en opinión de
Del Campo, “es el tercer escaño de su escalera en ascendencia”.
Para el crítico, la novela resiste
varias lecturas simultáneas. Puede ser una novela de amor, de pasiones humanas
y a la vez política. En ella se funde la “frescura” que imperó en su primer
texto, “La mañana debe seguir gris” y la ternura de “Ascensión Tun”. Aunque
ahora, Silvia accede a la madurez literaria y “su escritura ya no necesita de
calificativos”, aseguró.
La estructura, coincidieron en opinar
Aline y David Martín es pendular. Cita conversaciones y utiliza a diferentes
narradores. Sus personajes están alejados del maniqueísmo. Busca la sobriedad y
huye de los rebuscamientos fáciles para soltar frases ligeras.
Pese a que se habla de una historia de
amor entre Dorotea y Teodoro, continuó Aline, la autora consigue reproducir “un
dicho ya tan dicho”. Pero al igual que Sherezada, su historia está bien contada.
Maneja con eficacia los elementos principales de los que se compone una novela.
Es tan buena la descripción que Silvia hace de
sus personajes, que cualquiera de aquella época puede sentirse identificado y
citado en la obra. Otro de los aspectos relevantes en su texto es la
solidaridad dinástica entre abuelo-padre-hijo que según Del Campo, “no son muy
frecuentes en las páginas de nuestra literatura”.